En la villa del Señor hay que todo: buenos, malos, pésimos y despreciables. No importa la actividad. Cuando se habla de funcionarios ha de suponerse que tienen una misión: ser facilitadores de soluciones a cuestiones de la sociedad y los ciudadanos.
La falta de agua, problemas en el sistema educativo, en educación, infraestructura pública y otros son algunas de las misiones o responsabilidades.
Ahora bien, sería oportuno preguntarse por qué hay funcionarios que esperan los escándalos y protestas de la población para solucionar un problema o atender una queja de la población, independientemente de que sea algo sencillo.
¿Será un problema de gestión? La verdad que no se sabe si las prioridades de ese funcionario son otras o, simplemente, proyectos pequeños resultan no ser interesantes porque ahí no hay “atractivos económicos” que de otras ventajas comparativas.











