La geopolítica mundial atraviesa un momento de mucha incertidumbre -los sinónimos empiezan a escasear para pensar en otras palabras- y ciertamente se están produciendo cambios importantes en la composición de las relaciones políticas y económicas entre los países. Para la República Dominicana, el establecimiento de relaciones diplomáticas formales con la República Popular de China y el rompimiento con Taiwán en el año 2018 fue un punto de inflexión.
Si bien es cierto que todos los países del mundo cuentan con China como un aliado comercial y un socio de comercio bilateral -aunque todos saben que la mayoría del comercio con China viene desde allá hacia acá- no es lo mismo contar con las relaciones diplomáticas con ese país. El estatus de Taiwán ha es un elemento que ha complicado este análisis, pero desde que Nixon estableció relaciones diplomáticas con China en 1979, la tendencia ha sido clara.
Por muchos años, Taiwán había ejercido una diplomacia de búsqueda de países con los que podía tener un acercamiento, a través de donaciones y otros incentivos, para mantener las relaciones diplomáticas (todavía es el caso con varios países). Pero el peso de China, con su población, su poderío industrial, sus exportaciones y su proyección geopolítica mundial, ha hecho este ejercicio muy difícil para Taiwán.
República Dominicana fue uno de los últimos países del mundo en establecer este vínculo diplomático (solo quedan alrededor de 12 naciones que reconocen a Taiwán por encima de China), y se hizo con gran fanfarria. Se puede decir que marcó el hito más importante de la política exterior del gobierno de Danilo Medina, el establecimiento de relaciones diplomáticas con una de las grandes potencias mundiales.
Sin embargo, quizás no ha resultado para nuestro país la panacea que se esperaba podía ser en ese momento. En primer lugar, los Estados Unidos -que desde la época de la Doctrina de Monroe- ha visto a América Latina, y particularmente el Caribe y Centroamérica, como un predio de su dominio, y en el cual ellos deben tener la primacía (la excepción cubana sigue siendo una fuente de mucha consternación para la nación del norte).
Por ende, hemos visto cómo la política exterior estadounidense ha dado un giro de otorgar a República Dominicana una primacía en la región. Pudiéramos decir que esto se debe a que nos hemos “ganado” este reconocimiento, con nuestra democracia robusta y estable, economía creciente, un Estado con política exterior constante y presente en el escenario mundial.
Pero nos queda la duda de que si bien pudimos volver a atraer la atención de Estados Unidos (aunque nunca se confirmó un embajador estadounidense durante los cuatro años de Biden), ¿habrá sido lo correcto romper con Taiwán y reconocer a China? Sin lugar a dudas, nuestro principal socio comercial y estratégico es Estados Unidos, y el “coqueteo” de Medina con China no parece que fuera lo idóneo.
Se afirmar que en un mundo complejo, multipolar y con un país de tanta importancia como lo es China, nos da credibilidad tener relaciones diplomáticas con ellos. Pero no nos podemos olvidar de quién es nuestro verdadero socio: los Estados Unidos.











