En República Dominicana, la edad de retiro es 60 años. Sin embargo, son pocos los que toman esa decisión si a esa edad siguen con fuerzas y “necesidad” de seguir trabajando. Hay casos de personas con empleos formales que a sus 60 años siguen realizando sus labores sin dificultad. En tanto que otros, en la informalidad, deben seguir trabajando por necesidad y sin la esperanza de una pensión segura al final de su vida útil.
Por eso, el número de personas mayores de 60 años que continúa trabajando ha aumentado considerablemente en la última década. En muchos casos se trata de una necesidad derivada de un sistema de pensiones que deja desprotegida a la mayoría de esta población.
Datos recientes indican que apenas un 11% de los adultos mayores cuenta con una pensión, lo que obliga a casi nueve de cada 10 a seguir laborando en su vejez para sobrevivir. Entre 2014 y 2024, la cantidad de personas mayores con empleo aumentó más de un 70%, superando las 600,000. Sin embargo, la gran mayoría trabaja en condiciones informales, sin seguridad social, ni seguro médico, ni garantías laborales básicas.
Manuel de la Cruz, de 64 años, residente en Los Mina, trabaja vendiendo productos agrícolas frente a su casa. “Hay días que hago 1,000 pesos, otros apenas 500. Con eso como y compro lo de mi mujer que está enferma. Mis hijos no me ayudan, así que este negocio es lo único que tengo”, expresa.
En Santiago de los Caballeros, Leonarda Gómez, de 80 años, se gana la vida elaborando dulces de coco, que vende en Cienfuegos, sector donde reside. “Desde jovencita aprendí a hacer dulces, y aunque ya estoy vieja, sigo con lo mío”, dijo la señora. “No tengo pensión, pero al menos con esto no estoy pidiendo. Me levanto temprano todos los días, la gente me conoce y compra”, comenta.
José Antonio Méndez, de 70 años, trabaja cuidando vehículos en Los Frailes, Santo Domingo Este. “Uno a esta edad debería estar descansando, pero sigo haciendo mandados, lo que aparezca. Así me gano algo y compro mi comida”, dice resignado.
Estas voces reflejan una realidad silenciada: para muchos dominicanos mayores, la vejez no significa retiro, sino esfuerzo constante. En el país está el reto oficial de crear políticas públicas que reconozcan el aporte de estas personas, garanticen condiciones laborales dignas y les permitan envejecer con mejores condiciones.












