El Plan RD se mueve es, a todas luces, una apuesta que, por lo menos, busca demostrar que, si no se logró mejorar el tránsito, por lo menos se hizo el intento. Y la verdad hay que decirlo: algo había que hacer.
Quedarse quieto, frizado, sentado y con los brazos cruzados, es una actitud derrotista que no merece ningún espacio. Los taponamientos son el verdadero reto en materia de movilidad en la capital.
Ha de suponerse que si las autoridades concentraron el plan en “no gire a la izquierda” es porque, según los expertos, el peor mal está en esa variable. No podemos imaginar que esto se estaría “haciendo a lo loco” porque eso no es posible.
Una ciudad colapsada es caótica en todos los sentidos. Las pérdidas económicas son incalculables, pues se pierde tiempo, combustible y se contamina más. Esperar hasta seis meses para ver resultados es prudente para comenzar a evaluar.











