La decisión de liberar RD$81,000 millones del encaje legal por parte de la Junta Monetaria no es un simple ajuste técnico.
Se trata, en efecto, de un reconocimiento implícito de que la economía dominicana no está respondiendo con la fuerza esperada en lo que va de 2025.
Está más que sobreentendido que la medida busca dinamizar el crédito y oxigenar sectores productivos que muestran señales de fatiga, pese a los fundamentos macroeconómicos estables que suelen destacarse en los informes oficiales. No es un secreto que los planificadores del crecimiento no están conformes con lo que viene sucediendo.
Esta inyección de liquidez, aunque puede tener un efecto positivo en el corto plazo, también plantea interrogantes de mayor alcance.
Por ejemplo, ¿qué tan sostenibles son nuestras metas de crecimiento a mediano plazo? Recordemos que el presidente Luis Abinader planteó como objetivo duplicar el tamaño del PIB para 2026. Para lograrlo, sería necesario mantener un ritmo de expansión económica sostenido por encima del 6% anual, un desafío que hoy parece cuesta arriba.
La realidad es que, si bien la economía dominicana ha mostrado resiliencia, también exhibe una alta dependencia de sectores volátiles, como el turismo y las remesas, que representan alrededor del 25 % del PIB.
Esta concentración nos expone excesivamente a factores externos que retan la capacidad de resiliencia de la economía.
Liberar el encaje legal puede ser útil para estimular el crédito, pero no debe ser un sustituto de reformas estructurales profundas, que eleven la productividad y fomenten la innovación.
Es necesario y vital trabajar en fortalecer las bases de nuestra economía. El futuro económico del país exige una visión estratégica que trascienda los ciclos políticos y responda a los cambios de una economía global cada vez más exigente.
La pregunta no es solo cuánto vamos a crecer, sino cómo lo vamos a hacer. Porque crecer ya no basta. Lo que está en juego no es una meta numérica: es un modelo de desarrollo que defina nuestro destino económico.
Asegurar un crecimiento sostenible en el tiempo ya no depende sólo de los sectores sobre los cuales se sustenta la expansión de la economía, es necesario fijar un horizonte en el que se ve más de cerca la innovación y la creación de valor con tecnología para ser competitivos en un contexto desafiante.






