En el competitivo escenario empresarial de la República Dominicana, la tentación de reducir costos ante una desaceleración económica es una reacción natural, y los departamentos de marketing suelen ser de los primeros en la lista de recortes. Sin embargo, en un 2025 que ha presentado un panorama económico desacelerado, frenar las acciones en el área del mercadeo no parece una solución prudente, sino una decisión que puede minar la posición de su marca a largo plazo.
El panorama económico dominicano para 2025 es complejo y ha requerido ajustes estratégicos por parte de las autoridades. El gobierno y el Banco Central han reconocido una desaceleración, y las estimaciones de crecimiento del PIB para el año se han ajustado a un rango de 3.0% a 3.5%. Esto, si bien sigue siendo un crecimiento, se ubica por debajo del potencial del país y lo coloca en una posición de menor dinamismo en comparación con otros pares regionales.
Esta desaceleración ha obligado a las autoridades a tomar medidas fiscales y monetarias significativas. Se ha ejecutado recientemente una reformulación del Presupuesto General del Estado para este año para reorientar recursos hacia el gasto de capital. Esta acción busca estimular la economía a través de la inversión pública en proyectos de infraestructura, lo cual crea empleos y dinamiza sectores clave. Es un reconocimiento de que la política monetaria no es suficiente para contrarrestar la inercia actual.
A nivel de la ciudadanía, la realidad se siente de forma aguda. La inflación continúa siendo una preocupación. Los dominicanos sienten el impacto directo en sus bolsillos, lo que los lleva a ser más cautelosos con sus gastos. Las compras se vuelven más selectivas y se priorizan las necesidades básicas.
Ante este panorama, las empresas, lejos de paralizarse, deberían pensar en invertir los presupuestos que tienen en aquello que puede diferenciar su producto y servicio de su competencia de manera sobresaliente. Sobresalir para que el consumidor elija sus marcas y no las de la competencia. No invertir más, pero sí invertir mejor.
El proceso para diferenciarse con mayores garantías de conversión de negocio pasa por entender qué es lo relevante para el consumidor, y eso te lo da el análisis de las conversaciones públicas, accediendo al big data con tecnologías de inteligencia artificial capaces de aportar hallazgos clave que no proveen otras metodologías más tradicionales de investigación, que de todas formas sí enriquecen y complementan.
En ese análisis, además, hay que descubrir qué estamos haciendo con respecto a aquello que le es relevante al consumidor y qué está haciendo la competencia. Esto, para definir cómo puedo ser diferente, algo en lo que, desde el dato, la creatividad para mercadear la oferta jugará un rol esencial.
Luego, al definir la estrategia para salir al mercado, llegará la hora de elegir para priorizar cómo se usan los presupuestos hacia aquello que nos puede ofrecer la mejor posibilidad de éxito. Y, hoy en día, la tecnología permite analizar en tiempo real -ya no hace falta esperar al post mortem de una campaña- si las acciones para ganarse al consumidor nos están ayudando a cumplir con los objetivos que nos hemos marcado o hay algo que no funciona y debemos corregir.
Todo esto hace más efectivas las inversiones en este también desafiante 2025 en el que diferenciarse en el mercado es clave para ser el elegido de un consumidor al que el bolsillo le aprieta y que se lo piensa mucho antes de sacar los chelitos que lleva en él.












