Un estudio del Centro Regional de Estratégicas Económicas Sostenibles (CREES) da cuenta de que las carreras más demandadas en República Dominicana son la medicina, contabilidad, derecho y enfermería.
Los datos aportados por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnológica (MESCyT, 2024), y citados por CREES, revelan que 41,095 estudiantes estaban inscritos en la carrera de medicina a ese año, mientras que en contabilidad lo hacían 36,535 alumnos; en tanto que en derecho había 33,962. Por igual, la carrera de enfermería aportaba unos 28,523 alumnos, y unos 20,922 en administración de empresas. El resto de las carreras que completan el Top 10 son: psicología clínica, mercado, psicología, psicología escolar e ingeniería industrial.
Según el CREES, estas carreras reflejan tanto las necesidades del mercado laboral como los incentivos que generan las instituciones y regulaciones vigentes, estableciendo que, por ejemplo, el predominio de profesiones como derecho y contabilidad estaría respondiendo a la compleja burocracia y al sistema tributario del país, que obliga a hogares y empresas a recurrir constantemente a especialistas -caso de la contabilidad- y a los beneficios que obtienen y a protecciones gremiales -medicina-.
Sin embargo, esto es mucho más complejo, ya que, en la decisión de estudiar una carrera en el país, tienen lugar múltiples factores que van desde la complejidad de esta, expectativas salariales en el futuro, disponibilidad de recursos de las familias y oferta formativa de las universidades.
Del lado contrario, y según un estudio de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) de 2022, las titulaciones con mayor demanda por parte de las empresas son: marketing digital, comercio electrónico, comunicación digital, ciencia de datos, desarrollo de software, carreras que llevan un poco más de conocimientos tecnológicos y de esfuerzo intelectual, pero que también pagan, en promedio, salarios más elevados que las carreras del Top 10.
Otro elemento que juega un rol importante aquí es la poca renovación que realizan las universidades en su oferta académica dado, en algunos casos, la poca disponibilidad de docentes con capacidad para impartir asignaturas con enfoque STEAM (ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas), y en otros, por la inversión que se necesita para comprar equipos tecnológicos. Y esto podría agravarse en el futuro cercano, ya que la Inteligencia Artificial está obligando a elevar los estándares de los estudiantes, y las propias empresas están colocando en sus demandas de trabajadores la tenencia de conocimientos vinculantes.
En este punto, las empresas locales suelen expresar una dificultad recurrente: no encuentran suficientes trabajadores con las competencias técnicas necesarias.
En este escenario, la educación técnico profesional surge como una pieza clave para cerrar la brecha entre la oferta y la demanda laboral, pero también como un motor de movilidad social. En efecto, la población joven del país debería enfocarse en estudiar oficios técnicos que reportan, en el corto plazo, mayores ingresos, posibilidades de entrar de manera rápida al mercado laboral, al tiempo que pueden optar por un emprendimiento a partir de las habilidades adquiridas.
De hecho, miles de jóvenes hoy administran un taller, un centro de reparación de automóvil, etc., gracias a la formación que le ofreció, en algún momento, el Infotep. A este modelo es al que hay que apostar.











