La reforma fiscal está sobre la mesa. El ministro Magín Díaz sabe que es un tema delicado. Comenzó escuchando, como inteligente pragmático que es, pero luego, y esto sí es seguro, habrá de hablar.
Y lo hará de una forma contundente: presentará un proyecto que se acomode a todos los sectores (o casi a todos). Su misión es histórica. No ha habido forma de consensuar un proyecto que verdaderamente pueda ser asimilado, a pesar de la aceptada necesidad.
Lo que sí se sabe es que “están juchando la reforma” para que, poco a poco, sea aceptada. El Gobierno, que casi no habla del tema, está tomando el pulso de la opinión pública para ver si es posible presentarle junto con el Presupuesto o un chin para allá. Es necesaria y de eso no hay duda.
Lo único que resta ahora es esperar y que, si realmente será, no sea para aumentar el gasto corriente.











