Es frecuente relacionar la informalidad laboral con niveles de ingresos bajos. Se tiende a pensar en el chiripero, el vendedor de viandas en la calle o cualquier otra actividad que genere ingresos en el día a día. Sin embargo, la informalidad va más allá. Incluso, hay trabajadores en la informalidad con niveles de ingresos que superan por mucho el promedio de salario en la formalidad laboral, tanto del sector privado como del Estado.
Pero hay diferencias, dependiendo de qué tipo de labor se realice y la localidad del punto de trabajo. Ahí es donde la formalidad laboral puede resultar más conveniente, no solo por el hecho de cotizar en la seguridad social, sino, también, porque permite al empleado establecer roses sociales que han de aportarle una mayor y mejor perspectiva de la vida.
Puede ser difícil de entender, por lo que pondremos un ejemplo. Vamos a ubicar a dos mujeres jóvenes que vienen de estratos sociales bajos y que tienen el mismo nivel académico, pues fueron a la misma escuela y terminaron su bachillerato. Incluso, ambas viven en la parte más marginal del barrio Capotillo (por decir un sector) donde ven a diario situaciones poco alentadoras, como puntos de droga, familias disfuncionales, convivencia en condiciones inadecuadas, elevados ruidos de colmados, bullicio, desorden, basura, irrespetos y muchas malas palabras en el lenguaje cotidiano.
Una de las chicas tiene un negocio en el barrio de venta de ropa y otros artículos, mientras que la otra es empleada en una empresa telefónica, cuyo local está en una de las más grandes plazas comerciales del centro de la ciudad.
La que hace negocios en el barrio tiene ingresos que rondan los 90,000 pesos mensuales y le está yendo tan bien que hasta decidió no optar por una carrera universitaria, mientras que la empleada de la telefónica devenga 35,000 pesos mensuales, además de que cuando sale de su trabajo se dirige a la universidad en procura de terminar su carrera. La primera no gasta dinero en transporte y puede comer en su casa, mientras la segunda tiene que destinar parte de su salario para pagar pasaje y comprar o llevar comida a su trabajo.
Sin embargo, resulta que la primera, con un salario que casi triplica el de la segunda, muy pocas veces sale del barrio, se mantiene en un ambiente donde la cotidianidad se hace costumbre, pero no es lo más sano. De hecho, su círculo social es estridente y de malos modales.
En tanto, la que trabaja en la ciudad, con el mismo nivel educativo académico de su vecina del barrio, ha ido adquiriendo un comportamiento más adecuado, se nota más educada, comedida al hablar y en el trato con las demás personas; su forma de vestir es muy acorde con la normalidad de una mujer de su edad, pero sin exageraciones ni desentonos en los ambientes en que se desenvuelve.
Esto indica que, el hecho de salir todos los días del barrio, de relacionarse con personas de niveles sociales distintos y de mayor altura que el de sus orígenes, sumado a los entrenamientos que recibe de la empresa donde trabaja sobre lo relacionado con servicio al cliente, la forma de reaccionar ante un consumidor disgustado y el autocontrol que debe asumir en determinadas circunstancias, le han permitido moldear su comportamiento de tal forma que se ve, porque ahora sí lo es, mucho más educada que su amiga del barrio.
Y no es que vivir en un barrio pobre sea sinónimo de mala educación. Claro que no. Pero sí es un ambiente en el que la forma de vida no está alineada con las más adecuadas normas de comportamiento. En eso no nos podemos engañar. Y lo digo con conocimiento de causa, porque yo vengo de un barrio marginado y pobre. No me lo han contado. Lo he vivido.
Esa es una parte de la formalidad laboral que se pierde de vista, pues siempre se tienden a evaluar el mercado de trabajo en los niveles salariales o la calidad de la labor que se realiza, cuando en realidad hay un aspecto de rose social que impacta positivamente en las personas que cada día salen de un ambiente de pobreza a prestar sus servicios en zonas de bonanza, donde las normas de conducta, comportamiento y respeto entre las personas es más común que en las comunidades de mucha marginalidad.











