La oración que titular este segmento es el reflejo de una triste realidad. Lo es así, debido a que, ciertamente, si se tiene poder hay que ejercerlo.
Pero, ¿de qué forma? Nuestra clase política nos tiene acostumbrados a ser muy críticos del ejercicio abusivo del poder de parte de quienes gobiernan, pero tienden a hacer lo mismo cuando pasan a sustituirlos.
Algo así ha ocurrido con el gobierno actual. Un presidente Luis Abinader y un PRM en ejercicio con acciones muy distantes de lo que predicaron antes de “saborear las mieles” del poder.
Eso se nota más recientemente con la decisión del mandatario de aportar el voto de desempate para sacar de la Suprema Corte de Justicia a tres magistrados con sobrada capacidad y que luego de siete años de ejercicio son sometidos a una evaluación absurda que se puede convertir en lo que se ha convertido: un instrumento para hacer uso del ejercicio del poder, independientemente de que sea correcto o no. No es sorprendente, pero sí lamentable.










