Nada puede darle más tranquilidad a una economía que la certidumbre de precios. Cuando esta variable está bajo control, hay un ambiente de confianza y eso, a su vez, atrae inversiones.
República Dominicana, con las excepciones o cisnes negros de lugar, ha sido históricamente un país de baja inflación. Nunca hemos tenido episodios de hiperinflación, pero tampoco de deflación.
En los últimos 25 años hemos tenido dos capítulos fuera de la normalidad: la crisis financiera de 2003-2004, que luego se tradujo en crisis económica, y el choque de oferta que provocó la pandemia del covid-19 con la suspensión de la actividad comercial, los confinamientos y la ruptura del intercambio por el cierre de las fronteras.
Lo de la crisis financiera de 2003-2004, tras la quiebra de tres bancos, es un tema muy tratado. Ahora bien, lo que sucedió con la pandemia no tiene precedentes, pues hubo un choque de oferta, es decir, se disparó la demanda y el mercado no estaba preparado para responder.
En República Dominicana tenemos algunas ventajas comparativas que nos ubican como una economía de baja inflación. El flujo constante de divisas a través de las exportaciones, remesas, inversión extranjera, turismo y otras actividades generadoras de divisas permiten el equilibrio macroeconómico para evitar sobresaltos.
El establecimiento de una estrategia nacional de meta de inflación, liderada por el Banco Central como responsable de la política monetaria, también ha sido positivo para el objetivo de mantenernos como un país de baja inflación.
Otra variable que se suma es la depreciación del peso frente al dólar, la cual no ha alcanzado los dos dígitos, manteniéndose en torno al 5% en los últimos años.
Es de orden destacar el impacto que tiene en la estabilidad macroeconómica y, por ende, en la tasa de cambio, es el hecho de disponer de reservas internacionales suficientes para hacer frente a cualquier choque externo. Esto, por supuesto, se traduce en estabilidad, ya que los agentes económicos reciben una señal de fortaleza en la economía.
Para Milton Friedman, la inflación siempre será un fenómeno monetario. Lo dice porque los precios tienden a subir en la medida en que hay más dinero en circulación que el demandado por los agentes económicos. Aquí, entonces, se demuestra que el dinero es una mercancía que responde a la oferta y la demanda.
Nuestro país, en todo caso, ha sabido gestionar la cantidad de dinero en poder del público, lo cual ha sido posible gracias a decisiones proactivas y enfocadas en contextos muy especiales.
La tasa de interés ha sido, sin quizá, una de las herramientas de política monetaria a la que más han acudido las autoridades. Y lo cierto es que han tenido razón, pues cuando ha sido necesario controlar el medio circulante este mecanismo ha funcionado casi a la perfección. Se han tomado otras medidas, por supuesto, pero la tasa de política monetaria ha sido clave en la estabilidad de precios en nuestro país.











