Esta semana (11 de noviembre 2025) se produjo en todo el país un apagón general, provocando inconvenientes y pérdidas económicas a los dominicanos en todo el país. Hay que destacar que esto no sucedía desde hacía 10 años. Este tipo de fallas sistémicas cae dentro de la categoría de “apagones orgánicos”, según indicamos en nuestro último artículo titulado “(-) Apagones = (+) pérdidas”.
Este tipo de interrupciones son las causadas por fenómenos naturales, accidentes y eventos fortuitos que escapan del control y responsabilidad de los gestores del sistema eléctrico. Es una pena ver a líderes políticos (pobremente asesorados) atribuirlo a una mala gestión del Gobierno, cuando es la primera vez que esto sucede a la administración actual mientras al presidente Fernandez le ocurrió 26 veces en sus tres gobiernos.
Las redes eléctricas son sistemas complejos con mecanismos sofisticados de protección para evitar daños graves a las costosas plantas generadoras. Por esta causa no es sencillo restaurar rápidamente estos sistemas. Hace apenas seis meses hubo un blackout similar en España y Portugal que duró más de 20 horas y cobró las vidas de siete personas.
En nuestro país, en tan solo 14 horas después del apagón, el sistema se había recuperado completamente abasteciendo un 6% por encima de la generación programada; atestiguando así de la eficacia de las actuales autoridades en gestionar el sistema con los recursos disponibles.
La crisis eléctrica ha estado con nosotros por generaciones. En mayor o menor medida, los apagones han formado parte de la vida de los dominicanos por generaciones. Igual cabe preguntarse: ¿por qué se va la luz? La respuesta es sencilla: la luz se va cuando la demanda de energía no se abastece completamente. Este desface puede generarse por el aumento (orgánico y/o súbito) de la demanda, la reducción drástica de la oferta de energía o ambas. La demanda ha venido aumentando debido a dos factores: el crecimiento económico y social del país y el aumento estacional y gradual de la temperatura.
La gráfica más abajo revela la evolución mensual de la curva de la demanda y cómo se ha venido aumentando (desplazando hacia arriba) según ha crecido la economía en el tiempo.
Agosto es el mes más caluroso del año y por tanto promedia la mayor demanda de energía en el año. En el 2020 la demanda media de energía fue de 1,781 megavatios (MW). Para el 2025, la demanda se había disparado más del 41% hasta los 2,518 MW. La demanda creció un 5.3%, comparada con agosto del 2024 y representa un 18% más que el promedio de los últimos cinco años.
Para este año, la oferta de energía (capacidad instalada) ronda los 7,000 MW, según el Organismo Coordinador. Esto es más de 1 vez y media la demanda pico del año (de 4,000 MW). Pero, hasta un 30% de esta capacidad instalada corresponde a generación costosa en base a petróleo.
Por tal motivo, en condiciones técnicas desfavorables y/o de stress financiero, la gerencia de las EDEs se ven obligadas a gestionar la demanda en circuitos de altas pérdidas. Ya habíamos indicado las “causas orgánicas”, como la falla sistémica del apagón general. También hablamos en el referido artículo de las causas “inorgánicas” o las generadas por fallas en la gestión del sistema por falta de planificación, inversión o mantenimiento. El ancla de estas “fallas” es la falta de inversión; sobre todo en distribución.
Aparentemente, el poder Ejecutivo parece entender que el gasto en subsidios es tan elevado (estimado este año en unos US$1,800 millones) que apenas pueden invertir unos US$300 millones anuales en mejorar la distribución de energía. Pero las necesidades de inversión en conexión y medición de usuarios, además del mejoramiento de redes (subestaciones, cables y transformadores) es al menos entre 4 y 5 veces ese monto.
En fin, ¿Por qué se va la luz? Descontando las causas orgánicas, que provocan apagones aun en las naciones desarrolladas, en nuestro país la luz se va simplemente porque las EDE no tienen los recursos suficientes para invertir en el adecuado mantenimiento de las redes, debido a las altas pérdidas en que incurren al suministrar energía a todos sus usuarios.
Aunque hay cierta dosis de hurto, casi la totalidad de las pérdidas se deben a la falta de medición del consumo no administrado de cientos de miles de usuarios sin contador.
Aunque ciertamente los sectores populares consumen energía a tarifas subsidiadas, este subsidio significa solo un par de cientos de millones de dólares al año.
Hasta que el Poder Ejecutivo no implemente un agresivo programa de inversiones de por lo menos US$1,000 millones anualmente, a la vez que sostiene el subsidio financiero a las EDE; las altas pérdidas seguirán tragándose recursos fiscales importantes, perpetuando así este círculo vicioso: hay apagones donde hay elevadas pérdidas, que impiden generar los recursos para acabar con las pérdidas y los apagones. En un próximo artículo analizaremos con mayor profundidad el tema de las pérdidas.









