Los gobiernos, sin excepción, se ufanan (o se jactan) del comportamiento del producto interno bruto (PIB) cuando crece. Y si ocurre lo contrario, a juzgar por lo que históricamente se comprueba, “se le busca la vuelta” para echarle la culpa a cualquier acontecimiento externo y geopolítico. Si no hay un cisne negro, léase bien, hay que inventarlo. La culpa jamás será por razones internas o por las (malas) decisiones de las autoridades de turno. ¡Jamás!
Por un lado, siempre se habla del cambio de modelo económico, un discurso que, por lo general, asumen los partidos de oposición y gremios del sector privado, en ambos casos echando de lado que, en todo caso, hay responsabilidades compartidas. Nadie quiere ceder un poco de lo que recibe para generar un bienestar colectivo. Los subsidios, por ejemplo, deben ser revisados (pero no los que yo recibo). Los gobiernos, lamentablemente, casi siempre quedan atrapados en los compromisos que asumen en campaña.
Y hay que decirlo con toda sinceridad: quizá una introspección bañada en un caldo de sinceridad sería una excelente receta para hallar la explicación al comportamiento de la economía, especialmente cuando no responde conforme las expectativas. Verbigracia: República Dominicana terminará este año creciendo menos “de lo acostumbrado” y eso es, por un lado, preocupación para las autoridades y, por otro, un motivo para que la oposición se cebe “porque la culpa es del Gobierno por su mala gestión”. ¿Quejarnos y echarle la culpa al que gobierno ha sido la solución?
¿Cuál el problema del PIB como indicador macroeconómico? Nuestro Banco Central dominicano lo define de la siguiente manera: Es una medida de la producción libre de duplicaciones, realizada en el territorio de un país en un período determinado. Resulta equivalente a la suma de los valores agregados brutos por los diversos sectores de actividad económica.
De manera específica, explica que, en el caso de República Dominicana, el producto interno bruto está compuesto por 14 sectores económicos, citados a continuación: Agricultura, Ganadería, Silvicultura y Pesca, Minería, Manufactura, Construcción, Comercio, Transporte, Comunicaciones, Electricidad, Finanzas, Propiedad de Viviendas, Gobierno y Otros Servicios. En todo caso, pensándolo bien, el principal problema del PIB es que es una medida incompleta del bienestar y el progreso de un país. Es útil para medir la actividad económica, pero es un indicador deficiente de la verdadera calidad de vida o la sostenibilidad de una nación.
Le escuché decir a la educadora y experta en finanzas Tamara Galimova, rusa residente en España hace más de 20 años, que el PIB es un número que citan todos y que pocos entienden. Y le doy la razón. En teoría, afirma ella, mientras más crece el PIB mejor va la economía del país y esto es lo que afirman todos. Puedo colegir que, por su afirmación, es el gran número macroeconómico que amplifican todos los gobiernos para decir que están haciendo un gran trabajo.
Sin embargo, y ojalá tuviéramos una población educada y entienda lo básico de la economía, el problema es que este indicador no mide el bienestar, sino la actividad económica. Galimova afirma, por ejemplo, que si hay una catástrofe lo lógico es que el PIB suba luego, gracias a toda la inversión que se hará, pero eso no significa una mejora en el bienestar la gente.
Diríamos lo mismo que si sucede un terremoto. Todo el proceso de reconstrucción conlleva inversión, generación de empleos, producción y consumo. Sin embargo, todo esto no implicará una mejora en la calidad de la vida de la gente, pues no significa una redistribución de las riquezas generadas.
El PIB no distingue entre riqueza creada y dinero malgastado. Sólo suma todo lo que se produzca, incluyendo las “actividades ilegales”, como sucede en algunos países. El PIB, me parece, tampoco contabiliza el trabajo doméstico, el cuidado familiar o el voluntariado, que son fundamentales para el bienestar.
De hecho, un PIB alto puede ocultar que la creación de riquezas, y esto sí que es demostrable en todos los casos, se concentra en unos pocos. ¿Han escuchado eso de que un 10% de la población acumula el equivalente de la riqueza del otro 90%? En diferentes niveles, esto es lo que lo sucede. El PIB no dice toda la verdad y esa es la verdad verdadera.










