La Reserva Federal decidió recortar nuevamente la tasa de fondos federales en 25 puntos básicos, llevándola al rango de 3.5%–3.75%, acumulando así 75 puntos básicos de reducción desde septiembre. El mensaje central del comunicado y de Jerome Powell en la rueda de prensa fue que, por ahora, el nivel actual es apropiado, y que la Fed entrará en una fase de pausa para evaluar cómo la economía absorbe los recortes recientes antes de considerar nuevas reducciones.
La votación reveló un FOMC dividido: Stephen Miran pidió un recorte mayor (50 pb), mientras que Austan Goolsbee y Jeffrey Schmid se opusieron a cualquier reducción. Además, la Fed anunció el inicio de compras mensuales de US$40,000 millones en T-bills. Aunque Powell insistió en que no se trata de un programa de expansión cuantitativa (QE), el mercado interpreta que estas compras aportarán cierto estímulo adicional, en un contexto en que el Tesoro está privilegiando la emisión de T-bills.
Powell destacó que el crecimiento, el empleo y la inflación siguen una trayectoria similar a la de octubre, aunque las proyecciones para 2026 mejoraron levemente (más crecimiento, menos inflación). Aun así, los riesgos permanecen sesgados: la Fed considera que la inflación sigue expuesta a presiones al alza, y que el mercado laboral se está debilitando más de lo previsto, mientras que la desinflación en servicios avanza y los efectos inflacionarios de los aranceles deberían alcanzar su máximo en el primer trimestre de 2026.
La orientación futura fue más restrictiva (hawkish) de lo esperado, al señalar Powell que la tasa está cerca del nivel neutral, lo que eleva el umbral para nuevos recortes. El mercado y el gráfico de puntos solo anticipan una baja adicional en 2026, probablemente en abril. Esto implicaría que el sucesor de Powell —probablemente Kevin Hassett— iniciaría su mandato sin recortes adicionales, pese a haber expresado que “hay espacio para más bajadas”.
Finalmente, aunque los recortes han presionado a la baja los tramos cortos de la curva, los tramos largos no han cedido, e incluso se han empinado. Esto refleja preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal de EE.UU. y el riesgo de que las divisiones internas en la Fed afecten su credibilidad e independencia.
En República Dominicana, la estabilización del ciclo de recortes de la Fed reduce la volatilidad externa y ofrece un ancla más clara para la política monetaria local. Una pausa prolongada en EE.UU. tiende a moderar las presiones sobre el tipo de cambio y sobre los flujos de capital, permitiendo que el Banco Central mantenga una estrategia más predecible en torno a su propia tasa de referencia. Esto contribuye a contener el costo de financiamiento en dólares para el sector público y privado, estabiliza las expectativas inflacionarias y reduce la necesidad de ajustes defensivos en el mercado cambiario, favoreciendo así un entorno de mayor certidumbre para el crédito y la inversión en RD.












