El gesto del presidente Abinader de impartir clases de Moral y Cívica este 13 de enero de 2026 muestra una notable coherencia simbólica con la Ordenanza 02-2025, que reintegró formalmente esta asignatura al currículo nacional. Al asumir el rol de docente, el mandatario valida su discurso de priorizar la formación de valores desde el Estado.
Sin embargo, para que esta acción trascienda el simbolismo y logre coherencia real, debe acompañarse de dos pilares: la ejemplaridad en la gestión pública, donde la ética se demuestre con transparencia, y la sostenibilidad técnica en las escuelas. El éxito no dependerá de una visita presidencial, sino de que el sistema educativo cuente con docentes capacitados y recursos para que la cívica sea una práctica diaria.
El Gobierno ha dado el paso inicial; la coherencia definitiva se medirá con los resultados.









