Patria de la Cruz y Jhonathan Betances tienen tres ingredientes que les impulsa a ser emprendedores del sector agrícola: conocimiento, actitud y deseos de progreso. Sin embargo, carecen de algo que les daría el impulso para crecer, desarrollar un negocio económicamente rentable y mejorar su calidad de vida y el de sus familias: dinero.
Su actitud ante la vida los tiene de pies. Están convencidos de su potencial, lo que les da las fuerzas necesarias para demostrarse a sí mismos que es posible avanzar, aunque para ello tengan que “hacer de tripas, corazón”. Lejos de cruzarse de brazos, ante las adversidades financieras, decidieron unir voluntades.
Su espíritu, junto con el conocimiento que tienen, ya que ambos son profesionales, es el único combustible que les mantiene en movimiento. Son dos emprendedores agrícolas, específicamente en la producción de vegetales con la técnica de hidroponía. Son ingenieros forestales. Su vida ha estado muy ligada a la naturaleza, a la agricultura y a la producción.
Al narrar su proceso para convertirse en emprendedores, De la Cruz lamentó que ella y su socio no hayan tenido el apoyo financiero de las autoridades, específicamente del Banco Agrícola.
“Solicitamos un préstamo de millón de pesos para desarrollar este proyecto y así extenderlo y me lo negaron. Esa respuesta nos bajó un poquito, pero, de todos modos, iniciamos poco a poco con fondos propios. Con lo poco que podemos producir, porque no tenemos recursos para estar más grandes, lo vendemos en el mercado local y con eso es que estamos juntando capital para construir la estructura que necesitamos”, explicó.
Según narró, la institución financiera envió unos técnicos a su proyecto, inspeccionaron y determinaron que no era rentable para aprobarles un RD$1,000,000. Sin embargo, aseguró que en sólo 80 metros cuadrados la rentabilidad mensual supera los RD$50,000, por lo que está más que segura de que tendrían éxito porque su producción será mayor.
El dinero, según cuenta, lo necesitan para capitalizarse y producir más, ya que pueden vender a cadenas de supermercados y negocios de la zona, entre otros. De hecho, con recursos propios y buscando financiamiento alterno, trabajan en la otra infraestructura para aumentar la producción.
“Ya tenemos la tierra y deslindamos. Tenemos los alambres y otras cosas que son necesarias. Ahora toca hacer la infraestructura para poner armar el otro invernadero. Esperemos que a mediados de año esté listo, ya que nos han garantizado los recursos para hacerlo, aunque no fue el Banco Agrícola. Una parte ha sido con la venta de lo que hemos producido aquí”, explicó.
De la Cruz y Betances comparten la pasión por la producción hidropónica desde que tuvieron un primer contacto con la técnica agrícola durante sus prácticas universitarias. Ambos se muestran convencidos de que poseen el conocimiento, talento y potencial para ser exitosos.
“El principal reto de nosotros en este proyecto ha sido lograr financiamiento. Hicimos una solicitud en el Banco Agrícola con el objetivo de agrandar lo que tenemos, lo cual fue muy lamentable. Lo lamenté porque si nos ponemos a analizar se supone que los préstamos son para personas que quieran emprender y avanzar”, constó Betances.
El socio de De la Cruz se quejó de la actitud de los técnicos del Banco Agrícola, ya que ellos, cuando fueron a visitarlos, esperaban un proyecto realizado, lo que cual consideran sin sentido. Lo afirma porque los recursos son justamente para ampliar lo que ya ellos vienen haciendo.
“Tengo un socio que ha sido un gran soporte. Este es un proyecto de hidroponía. Ahora mismo estamos produciendo lechuga y berro. En el proyecto llevamos casi un año y aún estamos en prueba, pero todo ha ido muy bien. Nos surgió cuando estudiábamos en la universidad. Nos llevaron a una práctica de hidroponía en Constanza y quedamos enamorados de la técnica”, explica con entusiasmo De la Cruz.
Siendo estudiantes, ambos se comprometieron a iniciar un proyecto de hidroponía una vez finalizaran la carrera. Los resultados, según cuenta, establecen que el proyecto tiene potencial para ser rentable y generar empleos y dinamismo económico en la comunidad.
Cuando explica por qué iniciar con lechuga, su respuesta destaca la seguridad y certeza que le ofrece el proyecto, tomando en cuenta los resultados obtenidos a la fecha y el potencial que tiene por la alta demanda de vegetales en el país. Además, destaca que una vez estén en plena producción, si logran el financiamiento, podrían iniciar un proceso de certificación como cultivo semiorgánico, pues utilizan muy pocos fertilizantes que no sean a partir de materia orgánica.
De la Cruz destaca que, incluso, han recibido ofertas de contratos cuando salen a vender la poca producción que tienen ahora. Sin embargo, ella misma les dice que no está en capacidad de cumplir con grandes cantidades porque el proyecto está limitado por la falta de recursos.
En cuanto a las exigencias del cultivo hidropónico, la emprendedora señala que el control y manejo de plagas representa uno de los mayores retos, pues hay que cuidar que las plantas no sean afectadas o limitadas en la producción.
Respecto al costo de producción de la lecha, De la Cruz explica que en estos momentos está entre los RD$10.00 y RD$15.00, lo que garantiza niveles aceptables de rentabilidad cuando se le agregan las cargas logísticas. “Si se hace a gran escala es realmente rentable. Sólo necesitamos apoyo, pero lamentablemente hemos tenido dificultades. Al parecer, por lo que hemos recibido, no merecemos la confianza de quienes están llamados a incentivar la producción en el campo y con emprendedores como nosotros”, expresó.
De la Cruz y Betances llaman a las autoridades a ser conscientes al momento de evaluar a quienes tienen el conocimiento y la voluntad para emprender, especialmente en áreas tan vitales como es la producción de alimentos. Esperan que desde el Gobierno se predique con el ejemplo.
Mantienen la esperanza
Jhonathan Betances garantizó que su proyecto, el cual lo ejecuta junto con su socia Patria de la Cruz, tiene garantizado un mercado que cada día crece más. Dice que ellos tienen el conocimiento suficiente y la voluntad para crecer.
Además, dice, ellos tienen la tierra para construir la infraestructura necesaria para aumentar la producción, así como todo lo necesario para que su proyecto tenga éxito. Lo único que necesitan para desarrollarse es que el Banco Agrícola confíe en ellos como emprendedores.











