[dropcap]V[/dropcap]estirse de optimismo, sin importar la atribulación, es esencial para los seres humanos que buscan el éxito. Ver el vaso medio lleno y no medio vacío; verle el lado positivo a la desazón o simplemente luchar hasta el último hálito, porque se acabaron las opciones, es fundamental para la existencia misma de la vida sobre la faz de la tierra.
Hoy, como nunca antes, el ser humano es objeto, no sujeto, de una realidad que amenaza con imponerse sobre la base de los intereses particulares.
La salud moral de la sociedad ha pasado a un tercer y cuarto planos. Los dos primeros planos son ocupados por los farsantes, aduladores histriónicos, oportunistas, corruptos, corruptores y por quienes no les importa nada más que su existencia, aunque ello signifique la extinción del resto.
Y tiene que ver con economía. Posiblemente todo surge a partir de la insaciabilidad infinita del gusanito de la avaricia incrustado en los cerebros de quienes pueden, con sólo un sí o un no, decidir cómo terminará el libreto.
Las necesidades económicas, entiéndase este fenómeno como la ambición descontrolada del capital, juegan un papel que hierve en lo más insondable del inconsciente.
A partir de esta fotografía de la realidad, que apenas describe una ínfima parte, quizá del tamaño de una semilla de mostaza, es que deben entrar en el campo los que cada día se visten de optimismo. República Dominicana está preñada de gente positiva, optimista y capaz de tomar decisiones transcendentales para el presente de sus hijos y nietos.
Los buenos dominicanos están en todos lados: estudiantes, empresarios, abogados, periodistas, amas de casas, agricultores, industriales, jueces, militares, policías, choferes, obreros del campo, maestros, economistas, pensadores, artistas, en fin, donde quiera que respira un alma que conozca el significado de los colores que honran nuestro lar patrio.
¿Qué es el optimismo? La definición siempre será subjetiva. Pero podría definirse como la disposición del espíritu de aguardar o esperar siempre lo mejor, independientemente de las circunstancias.





