Cada cierto tiempo, por razones internas o externas, o por una combinación de ambas, se producen en República Dominicana situaciones que afectan seriamente la economía, con componentes inflacionarios, de limitación de ingresos y de desaceleración económica.
La actual es una temporada como esa. Hay una situación de incertidumbre económica y geopolítica por los conflictos bélicos en Medio Oriente, que están impactando en precios de productos tan importantes e indispensables como el petróleo.
Ante esa situación, el Gobierno, encabezado por el presidente Luis Abinader, ha tenido que dar respuestas, actuar en consecuencia. Pero muchos se preguntan ¿qué está haciendo el Gobierno para paliar los efectos de la crisis? Otros puede que pregunten, no si se está haciendo algo, sino, si lo que se está haciendo es lo adecuado en esta circunstancia.
La realidad es que, hasta ahora, las medidas que está tomando el gobierno de Abinader no son distintas a lo que habrían hecho o hicieron, en situaciones casi similares, presidentes como Leonel Fernández y Danilo Medina, por no mencionar más.
Revisar la política de gastos, hacer ajustes y reasignaciones de partidas para dar prioridad a determinados subsidios que evitarían alzas mayores en precios de alimentos y de combustibles, hacer ajustes en los precios de los hidrocarburos que consumen directamente los ciudadanos, priorizar la asistencia social y evitar recortes en el área de inversión en infraestructura, son medidas adecuadas para, de un lado evitar situaciones inflacionarias insoportables y, del otro, evitar que la economía se contraiga, pues es necesario seguir creciendo.
La oposición política, jugando su rol, ha manifestado en determinados momentos que el Gobierno carece de un plan para enfrentar esta situación. Pero no es cierto, sí existe y sí se está aplicando un plan. El mismo plan que se debe aplicar en este tipo de situaciones. Lo que pasa es que, por más perfecto que sea el plan, va a implicar sacrificios en todas las direcciones y hacia todos los ciudadanos.
El hecho de tener y aplicar un plan no significa que va a neutralizarse por completo el efecto de la crisis. Por eso hablamos de “paliar” sus efectos, no de eliminarlos, pues se trata de algo que escapa al control interno.
En todo caso, el Gobierno tampoco debe quejarse de las críticas. De hecho, la oposición política ha sido moderada en ese sentido. Y no es para menos. Los líderes de la oposición son personas que ya han gobernado el país, por lo que saben, aunque no lo reconozcan directamente, que la respuesta oficial a esta situación es la adecuada, es “la que manda el librito” y la que ellos mismos, con una que otra variación, estarían aplicando.
Pero está el aspecto de los recursos disponibles y de la necesidad de dinero para prioridades. De ahí el siguiente ejemplo y sus resultados. Para este año el Gobierno tiene previsto un presupuesto de “gastos” por RD$1 billón 622,833.4 millones. Si a ese monto le descontamos partidas que serían intocables como: RD$324,257.1 millones para pago de intereses de la deuda pública; RD$309,943.6 millones para pago de “remuneraciones”, salarios (otros ingresos relacionados sí se pueden recortar en parte), y RD$215,284.7 millones para gastos de capital, a los fines de no paralizar las obras; el resultado serían RD$773,248 millones para el resto del aparato estatal.
Si a esa cantidad de RD$773,248 millones se le hiciera un recorte de apenas un 5%, es decir, que todas las dependencias sepan que van a trabajar con el 95% de los fondos asignados, entonces el resultado de ese recorte serían RD$38,667.4 millones. Muy cerca de los RD$40,000 millones que dice el Gobierno necesitar para paliar la crisis.
Eso se puede lograr con solo recortar un 5% a las partidas donde sí puede haber recortes y sin tocar las tres mencionadas anteriormente que, por razones obvias, no deben reducirse.
Lo anterior indica que, si el Gobierno tiene la intención real de reducir el gasto público sin afectar la operatividad del Estado, no tiene que hacer un esfuerzo extraordinario; basta con apretar apenas un 5% de los recursos disponibles.
Pero ¿por qué no se hace así? ¿Es tan difícil? Realmente no es difícil; más bien se trata de falta de “voluntad política” de parte del gobernante de turno. Nada más y nada menos.











