La Federación Dominicana de Comerciantes, de Iván García, se está quejando del impacto negativo que tiene la expansión de las grandes cadenas de supermercados en las provincias. ¡WAO! Alega que los negocios medianos y pequeños tradicionales de la zona, algunos con muchísimos años, desaparecen a un kilómetro a la redonda.
Lo vi en una entrevista que le dio al periodista Jose Peguero. Recordó que en 1999 propusieron un proyecto de ley para regular la instalación de negocios de este tipo en los pueblos, a los que llamaba “las bocas grandes”. Por lo que dice, no está de acuerdo con la formalización de la economía y prefiere que muchos dominicanos continúen operando en la madeja de la informalidad.
Sin embargo, el sr. García olvida que este es un mercado abierto a la competencia y que no se puede evitar que la inversión formal, organizada y cumplidora de la ley, porque generan empleos formales con seguro médico y pensiones, se instale en los pueblos.
Lejos de quejarse, lo que debería hacer es buscar la manera de reinventarse y entender la dinámica del mercado y de los tiempos. El colmado y el almacén tradicional, sin las condiciones adecuadas para ofrecer un servicio de calidad, ágil y moderno, están condenados a desaparecer. El Estado no puede obstaculizar la modernización lógica de un sector que ha sabido generar empleos formales, aunque no de calidad en cuanto al nivel de salario. Además, en la medida en que más cadenas de supermercados llegan a los pueblos, probablemente aumentan los ingresos tributarios del Estado, ya que esos sí son agentes reales de retención.
La informalidad debe ser erradicada de cualquier manera. Y no es cierto que se pierden cientos de empleos. Eso jamás. Pierden los dueños de esos negocios que no se transformaron. Esos empleos que dice que se pierden, lo único que hacen es pasar a ser formales. Nada más.
No podemos caer en el chantaje tradicional de algunos “líderes del comercio” que son vitalicios en sus posiciones, una práctica antidemocrática y anacrónica, toda vez que la sociedad dominicana demanda de ciudadanos responsables, que impulsen la formalización de la economía para garantizar acceso a la salud a los trabajadores y una pensión cuando les llegue la edad de retirarse.
Un colmado manejado como en las décadas de los 70 y 80 no es verdad que va a sobrevivir a las exigencias de un mercado que hoy se maneja digitalmente y con pagos electrónicos. En vez de un negocio cuyo modelo se basa en prácticas informales, con delivery encima de una motocicleta sin mufles y dando bandazos en las calles, lo que deberíamos aspirar es a modernizarse y aspirar a ser cada día mejores.
Las quejas del presidente de la FDC no tienen validez en un contexto que exige responsabilidades compartidas. Estamos obligados a elevar el nivel de discurso como dirigentes y, por qué no decirlo, actualizar nuestra estrategia para hacerlo más cónsono con la realidad.
Estas organizaciones o gremios deberían ocuparse de su realidad y preguntarse por qué los clientes prefieren acudir o comprar en esas grandes cadenas de supermercados. Sé que Iván lo sabe, pero quizá quiere hacerse el gracioso con lo que queda de su sector.










