Admito que no soy fan del dembow. La llamada “música urbana” la escucho sólo por accidente. No porque el ritmo no sea pegajoso, que lo es, sino por la pobreza lírica, la cosificación del ser humano, principalmente la mujer, y porque, lamentablemente, en muchos casos incentiva el consumo de sustancias ilegales y dañinas para la salud.
Sí bien “este movimiento artístico” ha sido el medio para que una nueva generación de seres humanos se convierta en millonaria y genere valor a la economía, por medio del empleo y los negocios que son parte del encadenamiento productivo, su aporte al acervo cultural y emocional de la humanidad es prácticamente nulo. Es, ante todo, un reflejo de la sociedad de hoy, esa que evoluciona conforme miramos hacia otro lado por no asumir responsabilidades.
Sólo hay que analizar cómo se proyectan sus promotores y exponentes para saber el porqué de su éxito. No está en discusión que este ritmo impulsa el desenfreno, el exhibicionismo y el endiosamiento de lo material por sobre lo verdaderamente valioso: el ser humano. El “echavainismo y la tiradera callejera” son parte de esta subcultura.
Sin embargo, enredada en la pobreza lírica de una de esas “apuestas artísticas” hay una expresión que el sentido común debería darle lógica. Se trata de “lamentablemente, la mente hay que despejarla”, una frase que se repite más de veinte veces al principio de una canción titulada “Despejando”, cantada por un tal Donaty. El “tema musical”, estoy seguro, no busca llevar algún mensaje para lograr un constructo social ético, pues algunas de sus estrofas sólo evocan violencia, sino que su meta es conquistar con el ritmo. ¡Nada más! Pudiera ser sociología sin intención, pero escucharla tantas veces de manera seguida se vuelve un acto de hipnotismo.
En la superficie, muchos usuarios utilizan la frase con ligereza para justificar un viaje improvisado, una salida costosa o un gasto impulsivo bajo la premisa de que “la vida es una sola”. Sin embargo, si miramos más allá del ritmo, la afirmación encierra un significado subterráneo mucho más profundo: el esparcimiento no es un acto de irresponsabilidad, sino una necesidad humana que exige una correcta administración para no convertirse en una trampa.
Vivir abrumado por los retos diarios y la presión económica no es sostenible a largo plazo. En ese sentido, cuando ponemos ojo de responsabilidad, la frase no busca promover la sinvergüencería ni el abandono de nuestras obligaciones. Al contrario, siendo optimista, funciona como un potente apoyo emocional y un recordatorio de lo importante que es cuidar la salud mental.
Frente a la disyuntiva de sufrir eternamente por los problemas cotidianos o celebrar los momentos buenos, la búsqueda del bienestar respalda la segunda opción. El error común no radica en querer liberar tensiones, porque “lamentablemente, la mente hay que despejarla”; el punto es pretender hacerlo utilizando el dinero que estaba destinado a cubrir el alquiler, alimentación, salud, vivienda, servicios públicos o los compromisos fijos del mes.
Aquí es donde las finanzas personales y la tranquilidad humana se encuentran. El verdadero alivio psicológico no se halla en el consumo desbocado que luego genera más ansiedad, sino en el ocio planificado. Cuando destinas un porcentaje de tus ingresos exclusivamente para la recreación dentro de tu presupuesto mensual, ese gasto deja de generar culpa y se convierte en una inversión para tu estabilidad emocional.
Disfrutar de la vida con responsabilidad implica entender que las dificultades no se van a resolver solas por el simple paso del tiempo; nos toca enfrentarlas con la cabeza fría y las cuentas claras.
Despejar la mente de forma financieramente saludable requiere establecer límites claros. No necesitas comprometer tu futuro económico para tener un momento de paz; a veces, basta con un paseo al aire libre, una reunión con amigos o una actividad recreativa que esté debidamente costeada con antelación.
El bienestar integral se construye cuando logramos equilibrar el disfrute del presente con la seguridad del mañana. Al administrar correctamente tus recursos, le quitas al entretenimiento la pesada carga del remordimiento posterior.
La próxima vez que sientas que “lamentablemente, la mente hay que despejarla”, recuerda que el verdadero descanso no nace de huir de la realidad, sino de haber ordenado tu entorno para poder desconectarte sin miedo al día siguiente.
La felicidad y la responsabilidad no son enemigas; son las dos columnas que sostienen una vida financieramente sana y mentalmente plena. Enfrenta tus retos, organiza tus bolsillos y, entonces sí, despeja tu mente con total tranquilidad.
