En economía, como en la vida, nacer y morir es parte del ciclo. Que una empresa cierre no es necesariamente una tragedia, y que otra abra no es siempre una victoria.
Lo relevante es el balance. Y en República Dominicana, ese balance entre 2020 y 2025 nos deja una señal que vale la pena resaltar: seguimos creando más de lo que perdemos. Pero ojo y cuidado a los números.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), en este período el tejido empresarial sumó 67,353 nuevas empresas, en su mayoría mipymes, y registró la salida de 25,368. En términos consolidados, nacieron 2.6 empresas por cada una que dejó de operar.
El comportamiento año a año confirma la tendencia. En 2021, tras la fuerte caída de -6.7% del PIB por la pandemia, la economía rebotó con un crecimiento de 12.3%. Ese impulso se reflejó en las empresas: nacieron 15,469 y solo salieron 3,811. En 2022 surgieron 13,708 y murieron 3,520. En 2023 el país volvió a marcar un pico con 15,138 nacimientos frente a 2,256 cierres. Los años 2024 y 2025 muestran un matiz distinto. En 2024 nacieron 14,520 empresas, pero las salidas subieron a 5,417. En 2025 la cifra se repitió: 14,458 nuevas y 5,417 que cerraron.
El aumento en las muertes empresariales en los dos últimos años no debe ignorarse. Lo lógico en un país que aspira a más desarrollo es que no se cierre una sola empresa. Cada cierre es empleo que se pierde, inversión que se esfuma y un emprendedor que muchas veces no vuelve a intentarlo. Pero tampoco podemos negar el dato: a pesar del contexto global, de la inflación, de las tasas altas y de la incertidumbre, República Dominicana sigue teniendo un saldo neto positivo.
Ese resultado se explica en parte por el crédito. El financiamiento de la banca a las mipymes creció 9.1% interanual, de acuerdo con la Superintendencia de Bancos. Sin crédito competitivo, sin oxígeno financiero, es imposible que una mipyme resista. Esto es también un gran desafío de América Latina, una región con alta carga fiscal, burocracia y acceso limitado a capital. En este contexto, emprender se vuelve cuesta arriba.
En todo caso, el balance positivo no puede generar satisfacción. Debe generar responsabilidad. Tenemos que preguntarnos por qué en 2024 y 2025 las salidas casi se duplicaron. ¿Fue costo de financiamiento? ¿Menos demanda? ¿Competencia desleal? ¿Falta de apoyo técnico? ¿Qué sucedió? Es necesario impulsar una verdadera política de Estado de impulso a las mipymes.







