Es una percepción casi generalizada la de que todo el que trabaja en el Estado, más con un bueno cargo, desea “eternizarse” en la posición. Parece cierto, porque tal vez es el caso de la mayoría de los que ocupan esos puestos, pero no la totalidad.
En el caso del solio presidencial, mandatarios como Pedro Santana, Buenaventura Báez, Lilís, Trujillo, Joaquín Balaguer, Danilo Medina y Leonel Fernández, han dado muestras de su apego a ocuparlo eternamente. Sin embargo, otros prefirieron ir al poder para cumplir ciertas responsabilidades y luego retirarse a su cotidianidad.
El caso de Luis Abinader parece ser así. Es un mandatario que aceptó una repostulación donde resultó electo para un segundo período, pero que, no solo por la reforma innecesaria que hizo a la Constitución, no se le ve ninguna intención de querer perpetuarse en el poder. Más bien, a simple vista, a algunos nos da la percepción de que está ansioso por terminar su mandato.








