El discurso pronunciado este miércoles por el presidente Luis Abinader ante la Asamblea General de las Naciones Unidas planteó una cuestión que trasciende la diplomacia comúnmente aceptada en ese escenario: ¿cómo puede una economía pequeña, abierta y vulnerable convertir sus avances en bienestar sostenible, cuando buena parte de los riesgos se origina fuera de sus fronteras?
En efecto, el mandatario dominicano situó las guerras, el encarecimiento de los alimentos y la energía y la fragilidad del orden internacional como amenazas concretas. Manifestó que, para un país importador de combustibles, una crisis geopolítica no termina en los titulares: se transmite al transporte, la producción, las finanzas públicas y el presupuesto familiar. De ahí su defensa de la desescalada, la libertad de navegación y un sistema multilateral basado en reglas.
En el plano nacional, Abinader presentó cifras que merecen atención. Según su exposición, la pobreza monetaria pasó de 25.8% en 2019 a 14.6% en el primer semestre de 2026. Destacó, además, la salida del país del mapa del hambre de la FAO. Señaló que la inversión extranjera directa superó los US$5,000 millones en 2025, que las exportaciones rozaron los US$16,000 millones y que se proyecta recibir más de 12 millones de visitantes este año.
Son indicadores de distintas dimensiones -social, productiva y turística- y deben leerse sin confundir resultados observados con proyecciones. Ahora bien, el desafío no se agota en atraer capitales o aumentar visitantes.
La pregunta decisiva es cuánto de ese dinamismo se transforma en empleos formales, salarios con mayor poder adquisitivo, productividad, encadenamientos con las mipymes y oportunidades fuera de los polos tradicionales.
Una propuesta económica especialmente relevante fue revisar los criterios de acceso al financiamiento concesional. El Presidente cuestionó que el ingreso per cápita siga funcionando como filtro casi exclusivo para los países de renta media y pidió incorporar el Índice de Vulnerabilidad Multidimensional. Una economía puede crecer y, al mismo tiempo, permanecer expuesta a huracanes, volatilidad energética y restricciones fiscales.
Medir mejor esas vulnerabilidades puede mejorar las decisiones de financiamiento; no sustituye, sin embargo, la responsabilidad de fortalecer nuestras instituciones y la calidad del gasto.
Así también, el presidente Abinader, en el abordaje del tema haitiano, reclamó completar el despliegue de la fuerza autorizada, hacer cumplir el embargo de armas y fortalecer las instituciones haitianas. Reiteró que República Dominicana debe proteger su seguridad y aplicar sus leyes migratorias, en consonancia con sus obligaciones internacionales. La crisis exige cooperación efectiva y una respuesta que atienda tanto la violencia como el futuro de la población haitiana.
El discurso deja una reflexión de fondo: el desarrollo no puede medirse únicamente por el tamaño del producto interno bruto ni por la cantidad de anuncios.
Debe examinarse por la resiliencia de la economía, la fortaleza institucional y la capacidad de convertir crecimiento en bienestar verificable.
Esa es también la tarea que corresponde evaluar, con rigor y sin complacencia, dentro de nuestras fronteras.










