La gestión de la deuda del sector público no financiero en República Dominicana marcó un hito en diciembre de 2020. Por primera vez en la historia económica, el Gobierno acudió a los mercados de capitales para emitir deuda como una estrategia explícita de manejo de pasivos.
Lo que comenzó como una medida excepcional, en tiempos de pandemia, se ha convertido, con el paso de los años, en una práctica frecuente y sofisticada dentro de la administración financiera del Estado. ¿Es una admisión implícita de que el pago de la deuda genera más presión en las finanzas públicas? ¿Es realmente eso?
Desde la perspectiva de la teoría económica, el “reenganche” o refinanciamiento se justifica bajo tres premisas fundamentales: reducción del costo del dinero mediante tasas de interés más bajas, la extensión de los plazos para alargar la vida del crédito y la optimización del portafolio, que a menudo incluye la saludable estrategia de pesificar los compromisos para mitigar el riesgo cambiario.
En este sentido, es justo reconocer el notable esfuerzo técnico del Ministerio de Hacienda y Economía. Los datos oficiales demuestran que estas operaciones han rendido frutos concretos. El ejemplo más elocuente ocurrió en junio de 2021, durante la segunda gran incursión de este tipo.
En aquella ocasión, el Gobierno logró canjear bonos por un valor nominal de RD$92,427 millones, que arrastraban tasas de interés consideradas asfixiantes de hasta el 16.95%, por dos nuevas emisiones en moneda local a 7 y 10 años, con rendimientos significativamente menores de 8% y 8.6%, respectivamente. Es justo reconocer la apuesta. Esta maniobra retiró 11 emisiones previas y generó un alivio financiero estimado en RD$74,908 millones para el período 2022-2027.
Sin embargo, detrás del incuestionable éxito de estos canjes y de la pericia de las autoridades de Hacienda, subyace una admisión implícita que no puede pasarse por alto: la deuda pública presiona cada día más las finanzas públicas.
El hecho de que el país deba recurrir de forma recurrente a la ingeniería financiera para postergar y abaratar sus compromisos es el síntoma inequívoco de un presupuesto presionado e inflexible, donde el servicio de la deuda absorbe una porción desproporcionada de los ingresos fiscales.
Optimizar el portafolio y cambiar deuda cara por deuda barata es, hasta prueba en contrario, una estrategia de manejo de pasivos correcta y necesaria hasta cieerto puonto, pero no es una solución definitiva.





