Por: Bela Szabó
Cada mañana, la avenida Las Américas, en Santo Domingo Este, refleja una dinámica que trasciende el movimiento cotidiano de una de las principales zonas industriales del país. Miles de personas se desplazan hacia sus lugares de trabajo en Zona Franca Las Américas (ZFLA), y una parte significativa de ellas pertenece a una generación joven que encuentra allí su entrada y desarrollo dentro del empleo formal.
La edad promedio de los colaboradores del parque es de apenas 27.4 años. Detrás de esa cifra hay una realidad de mayor alcance: jóvenes que acceden a empleos formales, adquieren competencias técnicas, se familiarizan con estándares internacionales y comienzan a construir una trayectoria profesional dentro de sectores cada vez más sofisticados.
Ese componente resulta especialmente relevante para la República Dominicana. La creación de empleo joven no debe medirse únicamente por la cantidad de puestos disponibles, sino también por la capacidad de esos empleos para desarrollar talento, elevar competencias y generar oportunidades reales de crecimiento.

En ZFLA, esa dinámica ocurre dentro de un ecosistema industrial diverso. Las empresas instaladas participan en sectores como dispositivos médicos, manufactura avanzada, electrónica, plásticos de alto valor, logística y servicios empresariales. Algunas forman parte de cadenas globales de producción y operan bajo exigentes estándares de calidad, trazabilidad y eficiencia.
Para un joven que inicia su vida laboral, esa exposición representa mucho más que un primer empleo. Significa aprender procesos industriales, operar tecnologías especializadas, comprender sistemas de calidad y productividad y, progresivamente, asumir mayores responsabilidades. Muchos colaboradores que comenzaron en posiciones operativas han desarrollado carreras como técnicos, supervisores y profesionales especializados.
Este proceso requiere una conexión cada vez más estrecha entre educación y empresa. La ubicación del Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA) en las proximidades del parque facilita una vinculación natural con la formación tecnológica; el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep) mantiene presencia dentro de ZFLA, acercando la capacitación al propio entorno productivo; y las alianzas con instituciones como Universidad APEC (Unapec) y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (Pucmm) permiten ampliar las oportunidades de pasantías, formación y educación continuada.

El objetivo es claro: reducir la distancia entre las competencias que desarrolla nuestro sistema educativo y las capacidades que demanda una economía cada vez más integrada a cadenas globales de valor.
Naturalmente, existen desafíos. La competencia internacional por inversión y talento es cada vez mayor, las tecnologías evolucionan rápidamente y las empresas necesitan elevar continuamente sus niveles de productividad. Precisamente por eso, la formación del capital humano debe ocupar un lugar central en cualquier estrategia de competitividad de largo plazo.
Los aproximadamente 23,000 colaboradores que convergen actualmente en ZFLA representan mucho más que una cifra de empleo. Son parte de un ecosistema productivo construido durante casi cuatro décadas, en el que empresas, instituciones educativas y trabajadores interactúan para generar producción, conocimiento y oportunidades.
El verdadero impacto de un parque industrial no debería medirse únicamente por sus metros cuadrados, sus exportaciones o el número de empresas que alberga. También debe medirse por su capacidad de transformar empleo en conocimiento, conocimiento en desarrollo profesional y desarrollo profesional en movilidad social.
Esa es, quizás, una de las contribuciones menos visibles -pero más trascendentes- que puede hacer la industria al futuro de la República Dominicana.












