Fernando Capellán no siempre soñó con convertirse en empresario. Durante su juventud, su aspiración era pilotar aviones, una pasión que llegó a desarrollar mientras estudiaba ingeniería industrial y trabajaba en una empresa de zona franca en Santiago.
Su historia empresarial comenzó a tomar forma mucho antes de fundar Grupo M. Nacido y criado en Tamboril, en una familia que combinaba la disciplina, el trabajo y el compromiso con la comunidad, Capellán encontró en sus primeras experiencias laborales las herramientas para dar el salto hacia el emprendimiento.
En la década de 1980, cuando las zonas francas dominicanas comenzaban a ganar terreno en la industria de la confección, trabajó como ingeniero industrial, gerente de planta y posteriormente gerente general. Aquellos años le permitieron conocer los procesos de producción, identificar oportunidades de negocio y entender las exigencias de un mercado internacional en expansión, según contó en el podcast “Pesos Pesados”.
Sin embargo, su camino no se limitó a las labores de fábrica. Mientras trabajaba en la industria textil, mantenía viva su pasión por la aviación y participaba en otros negocios. Esa combinación de intereses refleja una etapa de aprendizaje y experimentación que precedió a su consolidación como empresario. En 1986 decidió dar el paso que cambiaría su trayectoria. Con el apoyo económico de su madre y un préstamo bancario de RD$500,000, según relató, puso en marcha su primera planta de confección en Santiago, a la que llamó AM, en honor a sus hijas Alexandra y Mónica.
El inicio estuvo marcado por una oportunidad concreta: producir prendas para marcas estadounidenses que buscaban alternativas competitivas fuera de su país. Para conseguir clientes, Capellán viajaba personalmente, visitaba tiendas, estudiaba las etiquetas de las prendas y procuraba contactar a las empresas que podían necesitar los servicios de su fábrica.
La estrategia no consistía únicamente en esperar pedidos. Su equipo también estudiaba las tendencias de moda en mercados como Londres, Los Ángeles y Tokio para desarrollar muestras y presentarlas a potenciales compradores.
A partir de esa primera experiencia, Capellán fue creando nuevas plantas junto con distintos socios. Entre 1986 y comienzos de los años noventa, según su testimonio, llegó a establecer entre 12 y 15 fábricas. Posteriormente, decidió consolidar esas operaciones bajo una estructura empresarial común: Grupo M.
Su recorrido también permite observar la transformación de la industria textil dominicana, desde los primeros años de expansión de las zonas francas hasta un entorno internacional más competitivo, en el que la eficiencia, la planificación y la capacidad de adaptación se volvieron determinantes.
Pero detrás de la trayectoria empresarial también hay una historia familiar. Capellán atribuye parte de su formación a la crianza recibida en Tamboril, al ejemplo de sus padres y a una dinámica familiar que todavía procura mantener. La disciplina que desarrolló durante su paso por una academia militar en Puerto Rico y el aprendizaje adquirido en sus primeros empleos completan las piezas de una historia que comenzó con el deseo de volar y terminó tomando rumbo hacia la industria textil. Donde ya cuenta con más de 40 años de trabajo y un legado empresarial que deja beneficios, no solo a República Dominicana, sino también a una empleomanía de 18,000 haitianos que reciben capacitación, trabajo y asistencia en su propio país.
Reflexión:
“Las historias de éxito no se construyen desde el quiero y me gustaría, sino desde el salgo, me preparo, busco las oportunidades y me muestro disponible para cuando lleguen”, reflexionó.












