La preocupación sobre la situación laboral de los jóvenes dominicanos ha vuelto al debate; en esta ocasión motivado por una fuerza migratoria, mayormente compuesta por jóvenes adultos, que se abalanza sobre el país creando incertidumbre sobre un mercado de trabajo históricamente rígido, pero cada vez más competitivo.
En efecto, la presión por conseguir los pocos empleos que genera la economía ya no solo proviene de los dominicanos que entran a la población económicamente activa, sino que también de una gran cantidad de haitianos, colombianos y venezolanos, entre otros grupos poblacionales de origen externo.
Todos saben que la economía ha venido creciendo de manera importante durante los últimos años, pero que la cantidad de empleos que genera es insuficiente, teniendo poco impacto en la disminución de la tasa de desempleo. En ese contexto, la expansión de un 6.6% promedio anual de los últimos 15 años en el PIB no ha podido variar el 14% en que ha permanecido el desempleo.
Esto se traduce en una disminución de los salarios, pues una mayor cantidad de personas buscando pocos empleos implica un exceso de oferta con su consecuente disminución en el precio del trabajo.
Hace dos años, el promedio de salario para los empleados formales con empleos remunerados mensualmente, rondaba los 14,838 pesos, lo que, convertido a dólares, hacía un total de 315, cantidad particularmente baja si se relaciona con el costo de la canasta básica que asciende a casi 30,000 pesos. Esto quiere decir que no hemos avanzado mucho en términos de mejoras salariales para los trabajadores, sobre todo en el caso de los jóvenes.
Pero la situación se torna todavía más preocupante si se observan las diferencias salariales entre mujeres y hombres, y también los niveles de desempleo en cada uno de los géneros. En el caso de los salarios, algunos estiman que este es un 30% mayor en los hombres con relación a las mujeres, para oficios similares.
En el caso del desempleo, y aun cuando en determinadas profesiones las mujeres han venido ganando espacio, se observa que la tasa de desempleo en los hombres es mucho menor que la de las mujeres, sobre todo para determinados grupos de edades.
Pero el problema mayor se aprecia cuando se denota que muchos de los jóvenes que están desempleados, hombres y mujeres, tampoco estudian, lo que alimenta el ejército definido como NINIs, que son aquellos que ni estudian ni trabajan. Sería bueno que el Gobierno le echara una mirada a esas estadísticas.











