[dropcap]E[/dropcap]l factor trabajo constituye uno de los insumos de la producción y el salario su precio. Este insumo, dada su importancia para el proceso productivo, se compra y se vende en un mercado laboral, y también allí se establece su valía.
Cuando existe mucho factor trabajo, es decir, cuando se evidencia un exceso de oferta en relación a la demanda laboral, el salario de equilibrio tiende a disminuir. Bajo ese escenario, si la productividad laboral media es alta, habrá más ganancia para los empresarios. El problema, sin embargo, es que, en el mediano y largo plazo, este esquema es insostenible pues ni beneficia a los trabajadores, y mucho menos a las empresas.
Dado el impacto que tienen los salarios en las condiciones vida de los trabajadores, que estos sean bajos no solo implica menor demanda de consumo, sino también un deterioro progresivo en aspectos vinculados a la educación y la salud de los trabajadores. Esto repercute en el futuro de los niños que viven al amparo de esa clase obrera, pues se genera un efecto multiplicador perverso de la pobreza.
En ese contexto, la mala noticia para la mano de obra dominicana, es que, históricamente, los salarios no aumentan en el país ni a la velocidad con que se incrementa la productividad del trabajo, ni menos al ritmo de expansión de los precios de los bienes y servicios que produce la economía. En un artículo de Pagina Abierta (BCRD, 2013) se “estaría sugiriendo que el principal escollo que ha impedido que la pobreza se reduzca más rápidamente en el país lo constituye el estancamiento de las remuneraciones reales en la base de la pirámide social (salarios mínimos reales)”.
Otros estudios, tal como el de Abdullaev y Estevao (2013), también dan cuenta de la disminución del salario real en el país durante la última década. Lo peor de todo, es que esta situación de disminución del salario real, se da en un contexto en que la economía dominicana se destaca como una de las que más ha crecido en el mundo, lo que se convierte en una evidente contradicción.
Pero si es penoso el panorama de hoy en día de los salarios de los trabajadores, es aún más tétrica la atomización de las organizaciones que los representan, las cuales no solo han perdido capacidad de negociación frente a los patronos, sino que muchas de ellas se han convertido en entelequias sin vocación de servicio ni representatividad.
Ojalá la modernización toque a la puerta de los líderes sindicales, de modo que estos hagan conciencia de la necesidad de renovación de sus organizaciones. De otra manera, volverá otro año para celebrar un pobre Día de los Trabajadores.







