Recientemente la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) arribó a su 59 aniversario como empresa estatal energética. Y sigue siendo estatal, pues aunque a finales del siglo pasado fue sometida a un proceso de capitalización con la “participación” accionaria del sector privado, la realidad es que en la actualidad es más estatal que en el pasado, con el agravante de que sus deudas van en aumento constante.
En la administración actual, a cargo del licenciado Rubén Jiménez Bichara, se están haciendo esfuerzos reales en procura, si no de una solución definitiva, por lo menos de una mejora en el servicio y en la reducción de los elevadísimos costos operativos que representa este servicio para el Estado.
Se procura la construcción de dos plantas energéticas a carbón mineral, con una inversión de poco más de US$1,900 millones. Esta obra es una muestra de los buenos deseos del gobierno de Danilo Medina hacia el futuro, pues los presidentes acostumbran a invertir en obras que ellos puedan inaugurar; pero en este caso, las plantas estarán listas después de 2016, es decir, que será un legado del mandatario para las futuras generaciones. Ojalá el pueblo se lo agradezca y que no le pase como a Salvador Jorge Blanco, que nadie le agradeció el haber construido las importantes plantas generadoras Itabo I y II.
Pero ahora que se dan los pasos hacia la firma de un Pacto Eléctrico, es necesario que Bichara, en su condición de vicepresidente ejecutivo de la CDEEE, también ponga énfasis en la otra pata del déficit financiero que afecta al sector: el área de distribución.
Si bien en cierto que se precisa de inversión estatal en la generación para presionar la renegociación de los contratos con los generadores privados y abaratar los costos de la energía que se comercializa, no es menos cierto que la gestión de las distribuidoras Edenorte, Edesur y EdeEste ha sido deficiente tanto en pasadas administraciones como en la actual.
Sólo hay que observar el porcentaje de pérdidas anuales de las distribuidoras, que por cierto, fueron privatizadas y luego recompradas a un alto costo por el Estado. Cada año se informa de pérdidas promedio en el área de distribución por el orden del 35%. A veces más, nunca menos.
No debe seguir siendo aceptable que el porcentaje de pérdidas sea siempre el mismo de la última década, que no hayan incrementado en proporciones mayores la cantidad de nuevos clientes, que no hayan reducido en los niveles aceptables los niveles de pérdidas, que se hayan conformado con las cifras de siempre y no se concentren en mejorarlas.
Los argumentos de falta de inversión son válidos, pero también deberían observarse los elevadísimos niveles de gastos de esas tres distribuidoras, sin nadie que las audite.
Lo anterior se agrava cuando se observa el crecimiento del déficit financiero del sector, pues aumenta cada año, en dólares y en pesos. Hace una década se hablaba de un déficit a ser subsidiado por el Estado por el orden de los US$700 millones anuales. Cada año aumenta y actualmente es el doble (no menos de US$1,400 millones). Eso es realmente insostenible.
Lo ideal es que, ya con un proyecto de generación en marcha, la CDEEE se enfoque en reclamar mejores resultados de las distribuidoras. El problema no es solo de generación, también es de distribución.











