Las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que comienzan el próximo día 16, plantean grandes desafíos para Estados Unidos, Canadá y, sobre todo, México, nación que espera poder mantener el acceso al mercado estadounidense y catapultar un crecimiento económico que mejore el bienestar de la población.
Mientras, la élite económica y política mexicana vive momentos de profundos debates ante la cercanía de las negociaciones, después de las duras críticas públicas hechas por el presidente estadounidense, Donald Trump.
Este miércoles, la calificadora de riesgo Moody’s advirtió que el bajo nivel de crecimiento de la economía de México no se resolverá solo con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que arrancará la próxima semana en Washington.
El TLCAN, en vigor desde 1994 entre EE.UU., México y Canadá, ha ayudado a mejorar la competitividad exportadora de México y aumentado la integración con la economía del vecino del norte, señaló Moody’s en un informe.
Sin embargo, destacó, México no ha logrado las grandes tasas de crecimiento que se esperaban con la apertura, y las brechas de los salarios y la productividad respecto a Estados Unidos se han ampliado, en lugar de reducido.
“El TLCAN no ha resuelto el lento crecimiento, la baja productividad, ni los bajos salarios de México”, señaló Madhavi Bokil, vicepresidente y analista sénior de Moody’s, en el reporte.
Y es que, agregó la calificadora, ello no se resolverá con un modelo de crecimiento que está enfocado en las exportaciones y que depende del acceso al mercado estadounidense a través del TLCAN.
México ha mantenido su ventaja competitiva mediante una reducción del salario real y, en lugar de converger a través del comercio, las brechas salariales y de productividad respecto a Estados Unidos se han ampliado, insistió.
Moody’s destacó que la implementación de las reformas estructurales puede generar un contrapeso al riesgo que afronta México en materia comercial, ya que estas buscan reducir la informalidad económica y la desigualdad en materia de productividad, desarrollo y crecimiento.
México ha registrado en lo que va de la administración de Enrique Peña Nieto (2012-2018) un crecimiento promedio anual del 2.1%, un nivel ligeramente superior al 1.9% del mandato anterior (2006-2012), encabezado por Felipe Calderón.
El Gobierno de México tendrá la difícil tarea de exigir y mantener la simetría existente en el TLCAN original, pese a las presiones del equipo de Donald Trump, señaló en una entrevista con Efe el economista Luis de la Calle.
“México debe aspirar a que lo que resulte de esta negociación sea otra vez perfectamente simétrico”, apuntó De la Calle, quien fue exministro de Asuntos Comerciales de la embajada de México en Washington y participó en el diseño e implementación de este acuerdo comercial.
El TLCAN fue el primer pacto comercial simétrico que involucraba un país en desarrollo como México, pues las tres naciones tienen iguales derechos y obligaciones.
“Si Estados Unidos pretende ahora que el resultado sea asimétrico porque están perdiendo y quiere dejar de perder, eso implica que el resultado de la negociación no va a ser igual. Para México, desde mi punto de vista, esto debe ser inaceptable”, subrayó el también exsubsecretario de Economía.
Del 16 al 20 de agosto se celebrará en Washington la primera ronda de negociaciones para modernizar el TLCAN.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, considera el convenio perjudicial para su país e incluso lo calificó como el “peor tratado comercial de la historia” de su país, y por ello planteó la necesidad de renegociar sus términos.
México presentó esta semana sus prioridades en la negociación, puntos intocables como evitar la reinstauración de aranceles que afecten sus exportaciones o la expansión del comercio para balancear el déficit.
“Era muy importante que México tuviera objetivos en las negociaciones, y que fueran claros”, celebró De la Calle.
México aseguró que defenderá la competitividad de la región, el avance hacia un comercio “inclusivo y responsable”, el aprovechamiento de nuevas oportunidades, como la economía digital, y la promoción de la certidumbre y las inversiones.
El jefe de negociación técnica será Kenneth Smith, representante de la Secretaría de Economía (SE) en la embajada de México en Washington, mientras que Salvador Behar, director general para América del Norte de la SE, será el jefe negociador adjunto.
Juan Carlos Baker, actual subsecretario de Comercio Exterior de la SE, ejercerá como supervisor.
“Son profesionales que llevan trabajando en esto mucho tiempo, gente sólida que sabrá hacerlo bien”, opinó De la Calle.
México deberá hacer frente a la falsa percepción de que la negociación será “desbalanceada” porque Estados Unidos es la primera potencia mundial.
La realidad es que en cinco años México aspira ser el principal mercado para EE.UU., remarcó, así que contará con el propio empresariado estadounidense como aliado en la negociación.
El éxito de la modernización dependerá de su “nivel de ambición”. “Si tratamos de hacer algo muy sencillo, un par de pies de página, no vamos a tener suficiente fuerza”, apuntó el experto.
México enfrentará un Estados Unidos presto a reducir su déficit comercial, que ascendió en 64.000 millones de dólares en 2016, con la nación latinoamericana.
“Aceptar aranceles o cuotas para las exportaciones a América del Norte sería contrario al espíritu y letra del TLCAN”, añadió.
El futuro del acuerdo pasa por sumar sinergias que conviertan las tres naciones en una plataforma exportadora hacia el resto del mundo.
Es un fin ambicioso que implicará renegociar controvertidos términos, como el de las reglas de origen o la solución de controversias.
Y, presumiblemente, llevará a ampliar capítulos del TLCAN como el de energía, e incluir un capítulo laboral o nuevos conceptos como la economía digital.
“Hay que ir más lejos, hay que explorar nuevos territorios en otras cosas, como el sector transportes, que ha de ser de excelencia para convertirnos en plataforma de exportación”, apuntó.
La segunda ronda de negociaciones será en México, y le seguirá otra en Canadá, el tercer socio en cuestión, que puede fungir como bisagra entre EE.UU. y México, o aliarse con este último si Trump saca su artillería proteccionista.
Si todo va viento en popa, a inicios del siguiente año se tendría cerrado el nuevo acuerdo antes de las elecciones presidenciales de México a mediados del 2018, que añaden presión al calendario.
Pero todo está en el aire. “Estoy seguro que las negociaciones van a ser una montaña rusa”, concluye De la Calle.
La renegociación del Tratado servirá para “detonar todo el potencial” de la que es “la región más competitiva en el mundo”, dijo, de su lado, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de México, Juan Pablo Castañón.
La modernización del TLCAN, firmado entre México, EE.UU. y Canadá, permitirá incorporar “nuevas industrias”, capitalizar las oportunidades surgidas con el avance de la tecnología y construir mejores reglas para enfrentar viejos problemas como la corrupción, aseguró el líder empresarial en un comunicado.
A una semana de que inicie la primera ronda de negociaciones en Washington D.C., el CCE indicó que los empresarios están “bien preparados” para enfrentar el proceso “con éxito”.
“Creemos que es posible lograr un acuerdo que nos permita ganar-ganar, tanto a mexicanos, como canadienses y estadounidenses”, apuntó Castañón, quien hoy acudirá al Senado junto con otros empresarios para expresar a los legisladores los objetivos del sector privado de cara al TLCAN y sus preocupaciones.
El presidente del CCE mencionó que el sector privado desea que el TLCAN, en vigor desde 1994, “sea el marco de la competitividad regional para las próximas décadas”.
“Que genere condiciones para que cada vez más empresas y de menor tamaño se inserten en las cadenas regionales de valor, que nos permita reducir costos e incrementar el valor de nuestros productos, facilitar el traslado de mercancías y mejorar nuestra posición frente a nuevos mercados”, sintetizó.
Si bien no será una negociación “sencilla” -opinó Castañón-, el resultado de las negociaciones “será un tratado moderno, que fortalezca el bienestar de mexicanos, canadienses y estadounidenses en los años por venir”, creando oportunidades de crecimiento para los tres países.













