[dropcap]L[/dropcap]a problemática del desempleo de los jóvenes ha vuelto al debate a nivel mundial. Esto así, debido a que la creciente incidencia de los cambios tecnológicos en los procesos productivos, está haciendo que los empleos sean cada vez más escasos, lo que afecta particularmente al empleo juvenil.
En efecto, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2010) revela que el desempleo juvenil ha alcanzado su más alto nivel en la historia y se espera que continúe por esa ruta durante los próximos años. Señala este informe, además, que 6.7 millones de jóvenes de América Latina están desempleados, es decir, buscan trabajo y no lo encuentran, representando el 44% de todos los desempleados de la región latinoamericana.
Pero si lo anterior es grave, lo peor es que los nuevos jóvenes entrantes a la población económicamente activa correrán la misma suerte, sobre todo si no ocurre un cambio radical que modifique el actual estado de cosas en términos de generación de empleos. Algunos teóricos entienden que la problemática vinculada al desempleo juvenil tiene su origen en el proceso de transición de la escuela al trabajo, y también en las posibilidades de generación de ingresos rápidos mediante la economía informal, dada la situación de bajos salarios y el incremento de las necesidades de consumo.
Otro elemento que se vincula al desempleo juvenil, es el hecho de que muchos jóvenes no logran completar la educación secundaria, quedándose rezagados en términos de formación, lo que se convierte en una limitante para que estos tengan acceso a puestos de trabajo bien remunerados. Esta situación afecta, principalmente, a jóvenes entre las edades de 15 a 24 años, y básicamente a aquellos colocados en el lado desfavorable de la distribución del ingreso. Más aun, la condición de desempleo es mucho más preocupante cuando se trata de las mujeres jóvenes, pues su tasa duplica la de los hombres en edad juvenil. Y esta situación es particularmente válida para República Dominicana, en donde la tasa de desempleo entre las mujeres jóvenes es mayor al 30%.
Es claro que todo lo anterior conduce a un callejón con indecorosas salidas, pues los jóvenes corren el riesgo de convertirse en caldos de cultivo para la delincuencia, la prostitución y el narcotráfico. De ahí la necesidad de repensar las políticas públicas que se están utilizando para promover la oferta y, por vía de consecuencia, fomentar la creación de empleos. Esta es una tarea que deben tomar muy en serio los gobiernos, pues son los jóvenes de hoy los que posibilitarán la continuidad de la sociedad del mañana.











