El turismo pende de dos variables fundamentales: calidad en el servicio y la seguridad que ofrezca el país como destino para los visitantes. Por suerte, República Dominicana tiene estas dos características y, a juzgar por los resultados, las autoridades y los empresarios lo saben.
Sin embargo, la sociedad dominicana, en este caso los empresarios y las autoridades, no deben descuidarse o dormirse en los laureles.
República Dominicana no sólo debe mostrar al mundo que es un destino seguro, que la calidez de su gente es insuperable y que los polos turísticos son envidiables; en cada ciudadano debe fortalecerse la conciencia de que cuidar el turismo es proteger el futuro económico de la nación. Un sector que sólo el año pasado generó más de US$6,500 millones merece ser protegido como la niña de nuestros ojos.
Hasta podría decirse que los delincuentes deberían tener un código de ética, si cabe el término, y abstenerse de dañar al turista.












