El ministro de Trabajo declaró como una de sus prioridades la definición de una política para incentivar la creación de primeros empleos. Esto debería ser apoyado por el sector público y el privado, pues podría marcar un hito en materia de política de asistencia social y económica.
Los primeros empleos son los más importantes peldaños para incorporar a los jóvenes a la economía moderna, ya que, en el mismo, el joven aprende sobre las destrezas necesarias para ser productivo en el ámbito laboral. A pesar de que el sueldo ofrecido en un primer empleo puede ser bajo, la idea detrás del mismo es proporcionarle una oportunidad a personas de aprender y escalar, no que se estanquen.
No obstante, existen varios elementos negativos en nuestra legislación laboral que inciden en desincentivar la creación de primeros empleos. En primer lugar, la figura de la pasantía no existe en nuestro ordenamiento. Si un empleador desea darle esta oportunidad a un joven, corre la posibilidad de acarrear responsabilidad laboral.
Por otra parte, el hecho de que el empleado se convierta en “fijo” a partir de los tres meses, y comience a generar una carga de pasivo laboral, tampoco incentiva a la creación de nuevos empleos. Aunque el período de evaluación de tres meses puede ser útil, la poca flexibilidad del régimen de contrataciones laborales coloca a las empresas en una situación de asumir un costo laboral muy elevado antes de que los empleados puedan maximizar su rendimiento, y por ende, ser rentables.
Otro elemento es la falta de educación continuada y técnica que permita que los jóvenes que sí son contratados puedan adquirir nuevos conocimientos que le permitan crecer dentro de la empresa. El primer empleo no debe ser únicamente una oportunidad para que el joven genere ingresos, sino que le debe dar la posibilidad de crecer.
La rigidez en materia de horarios que impone nuestra legislación no incentiva la creación de empleos, ni se ajusta a la realidad moderna. En la economía digital, los horarios fijos, poco flexibles, colocan una camisa de fuerza al empleador – que necesita cubrir necesidades a todas horas– y al empleado –que desea tener opciones–. En Europa, el desempleo joven trae consecuencias catastróficas para las economías de países como Italia, España y Francia.
Pero no solo se trata de los efectos económicos por este fenómeno, sino que vemos en Italia como ha traído inestabilidad política. Incentivar la creación de empleos para jóvenes es una política inteligente y sensata para nuestro país.











