Por Edgar Barnichta Geara
Conversando con un amigo sobre la importancia de que la gente pague sus impuestos y así el gobierno pueda satisfacer las necesidades públicas, me quedé asombrado de sus respuestas, las cuales quiero compartir.
Me comentó que las personas que viven en su mismo edificio pagan millones de pesos al año solo por el Impuesto a la Propiedad Inmobiliaria y desde hace meses las bombillas que alumbran la calle no funcionan.
Agregó que tienen agua porque tienen pozo y compran camiones cisternas y que tienen energía eléctrica gracias a una planta (generador) que se enciende a cada rato, consumiendo mucho combustible, pues tanto el agua como la luz no eran constantes. Añadió que debido a la inseguridad y a la violencia que vivimos tiene que pagar guardianes privados para que cuide a su familia, pues la policía no ofrece seguridad.
¡Yo pago el colegio de mis hijos y el hospital cuando se enferman! Me dijo con firmeza y a seguidas agregó: y encima pago muchos impuestos cuando vendo o consumo algo o cuando recibo beneficios por un trabajo honesto. ¿Y tú quieres que yo pague más impuestos?
Y el gobierno qué me da a cambio? Preguntó. ¿Protección para los corruptos que se roban mis impuestos? ¿Es que acaso no ves las grandes mansiones donde viven, las enormes pensiones que reciben y las lujosas vidas que se dan en un país lleno de miserias? ¿Y tú quieres que yo pague más impuestos?
Pero no te molestes conmigo, le dije, y a seguidas me respondió: Sabes el peligro que es transitar en las calles donde nadie respeta las leyes y los vehículos se estacionan en las aceras y a nadie le importa? Sabes de la poca educación que adorna a los dominicanos y de los muertos que a diario caen abatidos porque estamos armados hasta los dientes y llenos de drogas por doquier? ¿Y tú quieres que yo pague más impuestos?
Ante todos sus cuestionamientos le dije que era imposible conversar con él, pues yo creía que las cosas podían cambiar y que teníamos que entender que se estaba viviendo una situación especial, pues el gobierno actual se encontraba con las manos atadas y que por eso teníamos que pagar más impuestos.
¡Ya cállate! Replicó. Págalos tú, si quieres, pero yo no seré más pendejo. Ante su respuesta hice silencio y me quedé pensando: ¿Cuál de los dos tiene la razón?












