Por Nassim José Alemany Isaac
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Ya pasaron las elecciones en Estados Unidos, ganó el presidente Barack Obama, pero la lucha entre demócratas y republicanos apenas comienza con otro episodio de quién cede primero ante la inminente reforma fiscal necesaria para no caer en el precipicio fiscal.
El denominado precipicio o abismo fiscal (fiscal cliff, en inglés) es la situación en la que se encontrará la economía norteamericana el primero de enero del 2013 si no consiguen la manera de reducir el déficit fiscal que involucre reducciones de gastos y aumentos de ingresos que contraigan la economía lo menos posible. Bajo las leyes actuales, a partir del año próximo, el gobierno americano aplicará una reducción del gasto público en US$136 mil millones (0.8% del PIB) y un aumento de los impuestos de US$532 mil millones (3.1% del PIB).
Debido al lento proceso de recuperación de la economía estadounidense y otras regiones del mundo, el impacto de estas medidas reduciría la actividad económica internacional y podría poner en riesgo el dinamismo del comercio internacional entre los principales socios comerciales de EEUU.
El Fondo Monetario Internacional estima que el impacto de permitir que expiren las exenciones de impuestos y los recortes de gastos sería de aproximadamente un 1% en el 2013 sobre el crecimiento del PIB norteamericano. Canadá y México serían los socios comerciales más afectados, pudiendo perder entre un 0.4% y 0.7% en su ritmo de crecimiento económico por las reducciones en el comercio con EEUU. El impacto sobre el crecimiento de países europeos oscilaría entre 0.1% y 0.3%.
Si se mantienen las leyes actuales que entrarían en vigencia a partir de enero, la Oficina Congresional de Presupuesto (CBO, por sus siglas en inglés) de los EEUU estima que la deuda pública federal se reduciría del 70% del PIB a un 58% en un periodo de 10 años.
Bajo el escenario fiscal alternativo, donde se mantienen muchas exenciones y el aumento de impuestos no es tan significativo, el CBO estima que los déficits de los próximos 10 años podrían llevar la deuda a un 90% del PIB.
El problema es determinar cuál de las dos alternativas es menos mala: o se recorta el déficit y se pone en riesgo la recuperación económica, o se mantiene la estructura actual y se pone en riesgo la sostenibilidad de la deuda.
Existe un consenso de que la segunda opción es mejor por el riesgo de dilatar la recuperación económica y la reactivación del empleo en EEUU. Lo que no han acordado es qué cederá. Los republicanos quieren recortes de gastos y exenciones de impuestos. Los demócratas quieren más impuestos y menos recorte de gastos. Ojalá que no se repita la situación del año pasado cuando tenían que aumentar el techo de la deuda.













