La situación política, económica y social de la República Bolivariana de Venezuela se complica y la salida, al parecer, tendrá que ser militar. La permanencia de un gobierno que se dice constitucional, y de otro que se declara “encargado y/o interino”, es el escenario que hoy vive Venezuela y que plantea un claro problema de gobernabilidad. Las opciones para lograr una salida negociada a la crisis puede decirse que están agotadas y que, por el contrario, esta podría profundizarse.
De su lado, Nicolás Maduro, viviendo en otra galaxia, no entiende que el mundo cambió y que Chávez murió, y que su legitimidad no solo está cuestionada por una parte importante de los ciudadanos venezolanos, sino también por una comunidad internacional que ha empezado a jugar un rol activo en el conflicto venezolano. A todo esto, añádale los indicadores económicos y usted verá que la alternativa más viable es convocar a elecciones libres, monitoreada por observadores internacionales.
En efecto, una inflación acumulada durante el 2018 de alrededor del 14,000%, una caída proyectada del producto interno bruto de menos 18% para el año de referencia, una tasa de desempleo que ronda el 34% y un salario mínimo en dólares que tiende a la baja, a pesar de los exorbitantes incrementos que anuncia el gobierno, constituyen los indicadores económicos que exhibe Maduro y con los cuales no puede convencer a nadie de que su gestión es buena. Obviamente, esta situación económica solo lleva a más pobreza y a un estado de desesperación de la gente que la empuja a la delincuencia.
Por suerte, el cerco se va cerrando alrededor de Maduro, lo cual pudo palparse en la última reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En ese escenario, se hizo evidente que la Unión Europea se desmarcó del gobernante venezolano y lo conminó a llamar a elecciones en un tiempo tan corto como ocho días, en tanto los Estados Unidos continuaban manifestando su total apoyo a Juan Guaidó, presidente encargado y presidente de la Asamblea Nacional. Rusia, de su lado, es abiertamente madurista, aunque en los corrillos se está hablando de un cambio de posición de los rusos por las crecientes deudas que Venezuela tiene con el Kremlin.
Los chinos se han mostrado más fríos en su posición con relación al conflicto, y esto se entiende pues tienen una ideología comunista con una economía capitalista, y esa dualidad hay que saber administrarla. Mientras tanto, los Estados Unidos insisten en que todas las opciones están sobre la mesa, y hasta el papa Francisco teme por un derramamiento de sangre en Venezuela. Por lo pronto, los norteamericanos aumentan la presión sobre el régimen de Maduro y le congelan las cuentas de PDVSA, en tanto le ofrecen a Guaidó US$20 millones en ayuda humanitaria, aunque no se aclaran los mecanismos para su uso. Bajo este escenario, se dice que la solución está en manos de los militares, pero no se sabe si estos se han enterado.











