Un interesante artículo de Wilhelm Hofmeister (2008) ha generado en nosotros profundas dudas del papel de las élites dominicanas en la construcción de la democracia, así como en el proceso de desarrollo económico, político y social.
Argumenta este autor que la responsabilidad de las élites en un país va más allá de su rol de dirigentes, de su capacidad de generar riquezas, de su poder político y hasta de lo que representan desde el punto de vista intelectual y cultural.
Afirma Hofmeister que el gran compromiso de las élites debe ser con la búsqueda del bien común, por lo que estas deben entender que sus acciones tienen consecuencias en el resto de la sociedad y, en efecto, actuar teniendo como norte la ética y la responsabilidad social.
Convendría, sin embargo, realizarse algunas preguntas sobre las élites de nuestro país, y luego tratar analizarlas a la luz de los comportamientos que estas, desde nuestro punto de vista, asumen.
¿Están conscientes las elites sobre su rol en la sociedad dominicana? ¿Estas elites están realmente preocupadas por el bien común de los dominicanos? ¿Asumen su rol frente al Estado? ¿Las élites políticas dominicanas son conscientes del momento histórico que vive República Dominicana? ¿Tienen las élites dominicanas un real compromiso con la democracia? ¿Le preocupa a las élites el futuro de la nación?
Lo primero que hay que afirmar es que, a decir de Salazar (2014), las elites, en sus diferentes manifestaciones sociales, tienen una extraordinaria influencia en el rumbo de cualquier país, para bien o para mal.
Es por ello que se precisa de grupos de élites que tengan conciencia de su papel y de la influencia que ejercen cuando invierten y asignan recursos productivos, ostentan el poder o gestionan entidades, públicas o privadas. Esto así, debido a que es casi seguro que una mala actuación de las élites redundará, en el futuro, contra ellas mismas. Abundan los ejemplos en América Latina de élites nacionales que no jugaron su rol y que, luego de las crisis, resultaron ser las más perjudicadas.
En el plano político, las élites partidarias dominicanas deben entender que son las garantes de la continuidad del proceso democrático; por esta razón, su compromiso tendría que estar alrededor de la institucionalidad y del cumplimiento de las leyes, de la separación clara de los poderes del Estado, y en el establecimiento de un sistema de justicia no solo independiente, sino también autodeterminado.
Así también, las élites económicas y empresariales tienen una responsabilidad única en cuanto a mantener un sistema económico que, aun cuando responda a intereses individuales y familiares, pueda generar un derrame positivo en términos de generación de empleos, disminución de la desigualdad y reducción de pobreza.
En definitiva, el compromiso de las élites dominicanas debe ser con la estabilidad económica y social, y también con el bien común. Así haremos Patria.





