Sabemos ya, por el “Análisis de situación en salud mental y atención primaria en República Dominicana”, que la inversión del Estado dominicano en salud mental solo alcanza el 0.73% del gasto sanitario total. “La República Dominicana pertenece al 7.5% de países con un presupuesto en salud mental inferior al 1% de la región”, nos recuerda ahora, citando a la OPS, el Ministerio de Salud Pública en su “Plan Nacional de Salud Mental: República Dominicana 2019-2022”.
El plan reconoce: “los recursos financieros destinados a este tema son insuficientes para satisfacer la necesidad de prevención y atención a las personas afectadas”. Plantea que en abril de 2018 el Servicio Nacional de Salud tenía 150 psiquiatras, el 80% distribuidos en cuatro provincias, encabezadas por Santo Domingo (el 65%). También, 467 psicólogos (el 81% en cuatro provincias).
Además, que alrededor de un 20% de la población sufre de trastornos mentales y que, en 2014, el sistema de salud atendió 464,164 casos por depresión, con una prevalencia estimada de un 4.7% de la población general, mientras que el trastorno mental más frecuente es la ansiedad, con 570,312 casos atendidos, para una prevalencia de 5.7%.
Estos problemas impactan en el bienestar del ciudadano enfermo y de su entorno familiar. También tienen una repercusión en el ámbito social y laboral. Por esta razón, aunque vemos que el plan no habla de aumentar los recursos económicos del Estado para atender la salud mental, se esfuerza por describir sobre el papel una realidad a la que debemos enfrentar entre todos.









