Hay que ponerle caso a los cambios de temperaturas. El cambio climático es una realidad que nos afecta a todos. Para este fenómeno no hay preferencias religiosas, políticas, idioma o color de piel. No sólo es cuestión de salud y que ahora hace más calor o frío que antes; que las nevadas en Estados Unidos y Europa llegan fuera de época o que permanecen por mucho más tiempo; se trata de algo más grave.
De hecho, 2014 fue uno de los años más calurosos que hemos tenido en República Dominicana. Las autoridades llamaron la atención de los ciudadanos sobre la necesidad de ahorrar agua, pues también hubo una sequía tan grande que los niveles de las presas bajaron en su mínimo histórico.
Y la sequía sigue. La CAASD advierte sobre la falta de agua y pide a la población ahorrar el agua. La institución aplica programas de racionamiento del líquido y hay zonas en las que sólo manda el servicio una vez a la semana.
Pero algo peor se ve en el horizonte. La agricultura dominicana también pasa por una situación difícil, especialmente en las regiones donde los canales de riego representan la única esperanza para los cultivos. Si no llueve es muy difícil producir con calidad y en cantidad suficientes.
El Banco Mundial lo ha establecido en más de una ocasión. El cambio climático complica los esfuerzos por poner fin a la pobreza. Los más pobres son los que sufren las peores consecuencias del cambio climático, ya que viven en zonas vulnerables y tienen menos recursos para adaptarse o recuperarse rápidamente de las crisis. A medida que los efectos del cambio climático se agravan, escapar de la pobreza se hace más difícil.
Particularmente me inscribo entre los optimistas, pues República Dominicana no deberá quedarse fuera de cualquier medida que tienda a enfrentar este mal.
Expertos en pobreza y cambio climático del Grupo Banco Mundial se reunirán este año con investigadores de todo el mundo para ayudar con esta cuestión. ¡Esperemos!










