Nayib Bukele, presidente de El Salvador, ha ofrecido unas declaraciones en donde plantea la diferencia que puede hacer para un país, y sus ciudadanos, una gestión política y económica efectiva, y una mirada al futuro basada en las decisiones que se toman desde los propios gobiernos.
Para ilustrar su perspectiva, Bukele establece las diferencias que existen entre República Dominicana y Haití, países que están ubicados en la misma Isla Hispaniola, pero que las decisiones de sus respectivos gobernantes las han llevado por caminos totalmente diferentes.
“Aunque comparte una misma isla, República Dominicana es un país con mucho crecimiento económico, con mucho turismo, siendo ejemplo para muchos país de América Latina y el Caribe; mientras Haití, que solo la divide una línea recta de la nación dominicana, es uno de los países más pobres de ALC”, argumenta Bukele para enfatizar sobre lo que implica tomar decisiones firmes como nación, y no depender de lo que otros hagan o decidan en latitudes fuera de nuestro territorio.
Y resulta bastante interesante la opinión del presidente de El Salvador, que se ha destacado por tener decisiones firmes sobre la ruta que debe tener su país para modificar el estado de cosas en que se encontraba previo a éste tomar el poder en ese país centroamericano. En efecto, Nayib Bukele, joven empresario millenial, desde que asumió el poder el 1 de junio de 2019, se perfilaba como símbolo de la renovación política en El Salvador, y prometía un giro radical en la gestión de ese país a una población hastiada por la pobreza y la violencia que le hizo llegar a tener una de las mayores tasas de homicidios del mundo (González Díaz, M., 2020).
Previo a la asunción al poder de Bukele, El Salvador estaba catalogado como uno de los más violentos del mundo, con altos niveles de pobreza e inseguridad y con una economía que aún se recuperaba de los estragos de la guerra. De hecho, Rodríguez Rojas, R. (2019), en un interesante ensayo sobre la llegada a la presidencia de Bukele, señalaba que “Se trata de un momento voluble en el que se producen cambio de paradigmas, transiciones políticas, económicas y culturales, que suscita más preguntas que certezas sobre los escenarios por venir”.
Aunque Nayib Bukele ha tenido grandes enfrentamientos con el Congreso y el Poder Judicial de su país, no es menos cierto que ha tenido logros evidentes, los cuales han sido aplaudidos por amplios sectores de la población salvadoreña. El último de estos es la férrea lucha por controlar las pandillas (maras), quienes, por mucho tiempo, mantuvieron en zozobra a la mayoría de los ciudadanos de ese país, teniendo Bukele que tomar medidas extremas para poder doblegar a estas peligrosas pandillas.
De todo lo anterior, el aprendizaje que queda es que los gobernantes deben asumir decisiones políticas y económicas trascendentales para que países como República Dominicana y El Salvador puedan lograr mayores niveles de crecimiento y desarrollo y, por vía de consecuencia, elevar el bienestar social de sus habitantes. Esto implica, entre otras cosas, tener claro que el futuro está en las manos de los gobiernos de turno, quienes deben hacer conciencia de la importancia de una gestión política eficiente, basada en la lucha contra la corrupción y la impunidad, así como en la implementación de medidas y acciones que propendan a la creación de un ambiente propicio para hacer negocios y para la inversión. Es una ecuación simple que los políticos del patio deberían estudiar y aprender.










