El reciente planteamiento de retomar una discusión sobre un denominado “pacto de salarios” trae nuevamente a la palestra la necesidad de llegar a un acuerdo sobre un pacto integral de reforma del mercado laboral, algo positivo para República Dominicana. Nuestro mercado laboral requiere de una profunda y completa revisión para mejorar la eficiencia de la economía.
En el caso que planteado, se centra básicamente en una reforma mediante la cual operarían ajustes y aumentos automáticos de los sueldos, sin la intervención del Comité Nacional de Salarios (CNS). Esto es un desacierto, pues, aunque la propuesta abarca otros puntos, ese aspecto es dañino e implica una rigidez estructural en la economía que sería muy difícil de solventar.
En cambio, lo que entendemos debe ser el punto de partida de cualquier discusión sobre la reforma laboral es el reconocimiento de que debe tener un doble propósito: la protección del trabajador y la promoción de la eficiencia económica mediante la regulación de un mercado de trabajo flexible y de costo razonable. La necesidad del Pacto Laboral nace desde la premisa de que el Código de Trabajo y sus normas complementarias se encuentran desfasados frente a las necesidades actuales, y han sido concebidas para proteger al trabajador sin considerar los elementos de costo-eficiencia requeridos para la competitividad de la economía.
Uno de los elementos de mayor incidencia en este análisis son los elevados costos y el régimen poco flexible que se impone en el mercado laboral.
Hay costos que no son transparentados, como son: una bonificación extraordinaria de entre 45 y 60 días de salario (dependiendo de la antigüedad del empleado); pago por desahucio laboral que continúa creciendo año tras año (no se encuentra a un tope); y el pago del 1% sobre el monto total de sueldos fijos para el Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep). De hecho, resulta contraproducente decir que este aspecto no puede ser discutido, pues en una conversación abierta y franca, todos los elementos deben estar sobre la mesa.
En otro orden, las inflexibles reglas que imponen restricciones en el establecimiento de los horarios laborales también impiden el eficiente desenvolvimiento de la economía moderna. Uno de los sectores de mayor crecimiento en nuestra economía, el de los servicios, requiere personal disponible en horarios variados; por ejemplo, los “call centers” que atienden llamadas de todo el mundo deben estar disponibles en distintos horarios.
Otro elemento que debe ser reformado es el teletrabajo, pues si algo positivo nos dejó la pandemia, es la evidencia de que es posible trabajar de manera remota y productiva. Pero la rigidez laboral actual dificulta establecer esta modalidad, que también es beneficiosa al trabajador, de manera amplia.
En este sentido, los líderes gremiales, tanto representantes del sector de trabajadores como del empresarial, deben tratar el tema de una forma comprensiva, sin cerrarse en posiciones inflexibles. Si bien es cierto que la legislación laboral vigente debe proteger al trabajador, también se requiere la promoción de políticas públicas para incentivar el empleo, algo que beneficia a todos los miembros de la sociedad.











