La frase original “It’s the economy, stupid” es atribuida al estratega político James Carville durante la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992. Esta frase se utilizó para enfocar la atención en los problemas económicos que enfrentaba Estados Unidos en ese momento y recordar a los votantes la importancia de la economía en la toma de decisiones electorales.
Al parafrasearla como “It’s the work, stupid”, se estaría cambiando el enfoque de la economía al trabajo, enfatizando que la cuestión crucial para las personas es la situación laboral y las preocupaciones relacionadas con el empleo o alguna actividad productiva autónoma.
Para Robert Solow, premio Nóbel de Economía 1987, el mercado de trabajo es una institución social fundamental que desempeña un papel crucial en la vida de las personas y en la estructura de las sociedades modernas. Como institución social, no sólo proporciona medios de subsistencia y un sentido de identidad, también está intrínsecamente conectado y hace sostenibles en el tiempo otros aspectos de la vida social, como los sistemas tributarios y de seguridad social.
Estas interconexiones tienen impacto en la calidad de vida de los trabajadores y en la disminución de la desigualdad económica. A fin de cuentas, los dos únicos agentes que pagan impuestos son las personas y las empresas. Si el mercado de trabajo no funciona de forma adecuada, no importa cuantas reformas tributarias se realicen o que tan eficiente sea la administración, no son ni serán sostenibles en el tiempo.
Para una mejor comprensión del mercado de trabajo es esencial diferenciar entre dos términos que a menudo se utilizan indistintamente: el trabajo precario y la informalidad laboral. El trabajo precario se refiere a empleos que ofrecen una seguridad laboral limitada, salarios bajos, condiciones deficientes y poca o ninguna protección social. Estos trabajadores a menudo se enfrentan a contratos temporales, horarios irregulares y falta de beneficios.
De otro lado, la informalidad laboral se relaciona con los trabajadores que no están registrados en el sistema formal de empleo y, por lo tanto, carecen de seguridad laboral y de acceso a beneficios y protección social. A menudo están excluidos de los sistemas de seguridad social y tributarios.
Ambas realidades laborales, trabajo precario e informalidad, están interrelacionadas y presentan desafíos significativos para las sociedades contemporáneas, como la dominicana.
La interrelación entre el mercado de trabajo y los sistemas tributarios y de seguridad social es de importancia crítica para abordar las cuestiones de desigualdad y bienestar social. Los sistemas tributarios, a través de la imposición de impuestos sobre la renta y otros impuestos indirectos, recaudan fondos que deben, no sólo utilizarse para financiar una variedad de servicios públicos, incluidos los programas de seguridad social o infraestructura sino, también, las políticas activas de empleo e inserción productiva.
A fin de cuentas, no hay una mejor política social que una buena política laboral activa. Una persona con un empleo o actividad productiva estable y de calidad no necesita subsidios y transferencias directas. Todo lo contrario, aporta al bienestar del resto de la sociedad.
Por otro lado, los sistemas de seguridad social que incluyen seguro de salud, jubilación y desempleo, proporcionan una red de seguridad para los trabajadores y sus familias en momentos de necesidad. Estos programas deben sostenibles financieramente, ser accesibles y ofrecer una protección efectiva para todos los trabajadores, independientemente de si su empleo es formal o informal. La falta de acceso a la seguridad social puede perpetuar la desigualdad y la pobreza, ya que los trabajadores informales y precarios a menudo carecen de esta protección.
Para abordar la precariedad laboral y la informalidad, los gobiernos deben implementar políticas activas de empleo. Estas políticas buscan mejorar la empleabilidad de los trabajadores y facilitar la transición hacia empleos más estables y seguros.
Algunas medidas de políticas activas de empleo incluyen los programas de capacitación y formación laboral, los servicios de búsqueda de empleo e intermediación laboral, los de apoyo para la creación de pequeñas empresas o los subsidios temporales dirigidos a las empresas para la contratación de los grupos con más dificultades de inserción laboral como suelen ser los jóvenes de primer empleo, personas con discapacidad, madres solteras o parados de larga duración.
Uno de los componentes clave de las políticas activas de empleo es la implementación de sistemas de intermediación laboral universales y gratuitos. Estos sistemas actúan como facilitadores entre los empleadores y los trabajadores, ayudando a que los candidatos encuentren empleos adecuados y a que los empleadores encuentren trabajadores calificados.
La implementación de políticas laborales activas y sistemas de intermediación laboral universales y gratuitos puede tener un impacto significativo en la disminución de la desigualdad económica. Estas medidas abordan directamente las causas subyacentes de la desigualdad al mejorar las perspectivas laborales de los trabajadores precarios e informales, por lo menos, por dos razones:
Primero, porque al ofrecer formación y capacitación laboral, las políticas activas de empleo ayudan a los trabajadores a adquirir las habilidades necesarias para acceder a empleos mejor remunerados y más estables, contribuyendo a reducir la brecha de ingresos entre los trabajadores con y sin formación. Y, segundo, porque los sistemas de intermediación laboral universales y gratuitos amplían el acceso al mercado laboral, lo que significa que más personas pueden competir por empleos de calidad, también contribuyendo a reducir la exclusión laboral y, a su vez, la desigualdad.
Una historia de los que podría ocurrir en el futuro, si realizamos las reformas adecuadas sobre el mercado de trabajo y su vinculación estrecha con el sistema tributario y de seguridad social, las que detallaré en la segunda parte de este artículo, es la que nos puede ofrecer la de Gloria, en Los Alcarrizos.
En la comunidad Los Alcarrizos, en República Dominicana, vive Gloria, una mujer luchadora que ha enfrentado numerosos desafíos. Es madre soltera de dos hijos y trabaja en la informalidad.
Durante años, Gloria se ha visto atrapada en la trampa de la informalidad laboral. Trabaja como vendedora ambulante de frutas, sin contrato laboral ni beneficios. Sus ingresos son bajos y la falta de seguridad laboral la mantiene en constante incertidumbre. La ausencia de acceso a la seguridad social la mantiene vulnerable a situaciones de emergencia médica y dificultades económicas.
Con el apoyo del sistema de intermediación laboral, Gloria podría encontrar un trabajo en una pequeña empresa local como asistente administrativa o tener su propio emprendimiento en formalidad. Este empleo o emprendimiento le proporcionaría un ingreso estable y acceso a beneficios como seguro de salud y jubilación. Por primera vez en mucho tiempo, Gloria podría disfrutar de la seguridad laboral y la tranquilidad de tener una red de seguridad social en caso de necesidad.
La transformación en la vida de Gloria podría ser notable. Su estabilidad financiera le permitiría brindar una mejor calidad de vida a sus hijos, como una educación de mayor calidad y una nutrición adecuada. Además, la seguridad laboral le daría la confianza para planificar un futuro más estable y seguro para su familia.
La historia de Gloria es un ejemplo poderoso de cómo el trabajo formal puede transformar vidas y reducir la desigualdad. Los programas de capacitación, las políticas activas de empleo y los sistemas de intermediación laboral desempeñarían un papel fundamental en su camino hacia una vida más estable y segura.







