Después de la tempestad viene la calma, reza una frase popular. Pasadas las elecciones presidenciales y congresuales, toca ahora mirar hacia el futuro, crear los consensos para iniciar las reformas estructurales, pendientes por años, de modo que haya valido la elección se realizara en primera vuelta electoral, sin contar muertos, y con la aceptación de la derrota por parte de la oposición política, al filo del primer boletín.
Pero también toca estar vigilantes de las promesas de campaña sostenidas en el Programa de Gobierno 2024-2028 del Partido Revolucionario Moderno (PRM), sobre todo en el ámbito socioeconómico, que es en donde mayor cantidad de deuda social se ha acumulado, de manera que la sociedad se convierta en un fiscalizador de las ofertas de marras.
Reconozco, sin embargo, que algunos podrán definir mi propuesta como un tanto ilusoria, dado el hecho de que el incumplimiento de los ofrecimientos durante las campañas electorales es consuetudinario y, hasta cierto punto, parte del folklore dominicano; pero si se quiere un “cambio real”, como el que se está proponiendo, ese camino también se debe transitar.
El Programa de Gobierno 2024-2028 establece varios ejes estratégicos a los cuales hay que monitorear y dar seguimiento para garantizar su puesta en ejecución y la medición de sus resultados. Uno de estos ejes está vinculado al impulso al “desarrollo orientado a la gente”, en donde se plantea la atención a los grupos vulnerables del país, así como al logro de un desarrollo regional equilibrado, mediante el mejoramiento de la inversión en infraestructura.
Otro eje estratégico es la modernización del Estado, el cual se basará en el uso de tecnología como instrumento de cambio y desarrollo, y también en la transparencia y la rendición de cuentas, amén del fortalecimiento de la articulación interinstitucional y la coordinación entre las sectoriales, las agencias y los gobiernos locales.
Un eje estratégico que no debía faltar es el que se enfocará en las políticas medioambientales que contribuyan a la sostenibilidad, la promoción de las energías renovables y la lucha para reducir la emisión de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático y el calentamiento del planeta.
Un cuarto eje estratégico propugna por la inclusión social y la equidad, a partir de lo cual se pretende reducir las desigualdades sociales, sobre todo en las zonas apartadas en donde existen mayores niveles de pobreza y marginalidad. Concomitantemente, en este programa de gobierno se apuesta al mantenimiento de la estabilidad macroeconómica y también a lograr un crecimiento sostenido de la economía, todo ello en un marco de políticas públicas articuladas y operando armoniosamente.
Obviamente, lo anterior deberá estar vinculado a lo establecido en la Estrategia Nacional de Desarrollo, además de ser parte de un nuevo Plan Nacional Plurianual del Sector Público y de las Metas Presidenciales que se inaugurarán a partir del próximo 16 de agosto.
Finalmente, debe quedar claro que nuestra mayor aspiración no es a que se cumplan todas las ofertas realizadas en el proceso electoral por parte del gobierno y partido que se reeligen, si no a establecer un precedente en términos de darle seguimiento y monitorear las promesas y propuestas que, históricamente, pasan a formar parte de lo que el viento se lleva, dejando solo una resaca electoral que dura, con suerte, cuatro años, y reaparecen con casa nuevo proceso eleccionario.





