Una cosa es lo que reporten los partidos políticos a la Junta Central Electoral (JCE) y otra, quizá muy distante, es lo que sucedió en realidad en términos del gasto en campaña. Se puede afirmar, sin temor a equivocación, que ni los mismos candidatos conocen la cifra exacta de lo que se gastó en sus propias campañas con miras a ocupar una posición en el Estado.
Una cosa son los recursos formales que reciben por vía del financiamiento de los partidos, lo cual habría que revisar, y otra es la inmensa cantidad de dinero que “se gasta y dispendia” en todo lo que implica una campaña electoral.
No existe forma humana para contabilizar los montos de las donaciones en afiches, vehículos, combustibles, pica pollos, agua, comidas, visitas especiales, canastillas para embarazadas, anuncios en las redes sociales, televisión, radio y lo que implica la logística del día de las elecciones. Ninguna cantidad es la que es.
Sin ánimo de ser hiperbólico, el día antes de las elecciones un candidato a diputado de una circunscripción grande podría gastar (distribuir entre su equipo de apoyo) hasta RD$40 millones. Es lo que estiman algunas fuentes consultadas. Estos números, por supuesto, escalan al nivel de pornográfico para tratar de describir que es imposible decirlo de manera abierta.
El tema se agrava conforme pasan los años y los procesos. Una campaña supera la otra, lo que, indefectiblemente, confirma la máxima de que un pobre no puede aspirar a una posición electiva porque, por más simpatía que tenga en la población, el día D queda eliminado por default.
Por eso hay ciudadanos que llegan a ocupar una posición de Estado por el derecho que les asiste, pero no porque reúnan las condiciones para serlo.
El tope de gastos para las campañas electorales en República Dominicana varía según el nivel de elección. Según la data del pasado torneo, los candidatos presidenciales podían invertir (yo diría que gastar) RD$122.50 por elector, lo que suma un total de RD$997,829,6301. ¿Quién podría creerse el cuento de que sólo se gastó esto en el nivel presidencial?
Respecto a los candidatos a senadurías y diputaciones el límite eran RD$105 por elector. Como ejemplo, podría señalarse que en el caso del Distrito Nacional el tope de gasto para la senaduría era de RD$83,378,400. ¿Es creíble esta cifra al ver lo que sucedió con el candidato oficialista Guillermo Moreno? Difícil de convencer cualquier cifra que se publique.
En teoría, los candidatos deben cumplir con estos límites establecidos por la JCE para garantizar una competencia equitativa y transparente en las elecciones. En la práctica, y es así donde la competencia es más “poderosa” puede haber casos en los que los candidatos superen estos límites. La supervisión y el cumplimiento efectivo de estas regulaciones pueden variar. En todo caso, y es hacia donde deberíamos llegar, es importante que los ciudadanos estén atentos y exijan transparencia para garantizar una competencia justa y equitativa en las elecciones.










