Pasaron las elecciones y de inmediato la opinión pública comienza a hablar de reforma fiscal. El presidente de la República, Luis Abinader, reelecto para un nuevo mandado hasta 2028, respondió las primeras preguntas sobre este tema. Lo hizo durante su comparecencia en La Semanal, una rueda de prensa que realiza todos los lunes en el Palacio Nacional.
Está convencido, o por lo menos así lo hizo saber al país, de que la reforma fiscal, de la que no hay escapatoria, debe ser de consenso y, por supuesto, habrá de beneficiar a la mayoría. Son buenas noticias viniendo del jefe de Estado.
Y como dijo él: los recursos provenientes deben destinarse a mejorar la calidad de vida de la gente.
Ya el país está inmerso en un diálogo abierto sobre la reforma fiscal. Aún no hay discusiones formales, pero ya el tema está en la palestra.
Sin embargo, en lo que sí hay que estar de acuerdo es que es necesario alcanzar un consenso para llegar a una reforma que impulse políticas de desarrollo social a mediano plazo.
En lo que sí debería haber un consenso es en que las nuevas reglas deben ser un instrumento de legitimidad para potenciar la eficiencia y equidad de la política fiscal. Incluso, llevando más lejos el objetivo, pudieran ser una alternativa para enfrentar los temas de corrupción.
Aunque inminente, el presidente Abinader no parece tener prisa. Sin embargo, ha mencionado la importancia de una reforma fiscal. En todo caso, es crucial que se consideren las bases tributarias y se modernice el impuesto a la propiedad para lograr una economía más sostenible y equitativa.
Los impuestos siempre son imposiciones de los Estados para cubrir las necesidades de servicios de educación, seguridad, infraestructura, salud y para pagar compromisos financieros del país, entre otros aspectos. Pueden afectar a diversos grupos de la sociedad. Suelen ser desagradables, pero necesarios para que un país alcance el desarrollo, siempre que quienes los gestionen lo hagan de manera transparente, responsable y con un sentido humano.
Es obvio de que los contribuyentes, físicos y jurídicos, estén atentos, ya que los cambios en impuestos, tasas y deducciones pueden impactar directamente a las personas y empresas que los pagan directa o indirectamente. Por ejemplo, si se aumentan los impuestos sobre la renta, los contribuyentes tendrán que pagar más.






