Venezuela atraviesa por la peor crisis política, económica y social de los últimos 100 años. Ni siquiera el período postdictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-1958), que luego de llegar con un golpe de Estado salió de la misma forma, es comparable con la tragedia que hoy afecta al pueblo venezolano.
Ahora sólo se respira incertidumbre e inseguridad en Venezuela. Podemos ver su realidad desde diferentes puntos de vistas o ángulos y el horizonte es indefinido. Nadie sabe qué pasará mañana, incluso en un par de horas. La economía de este país sudamericano, con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con aproximadamente 303,220 millones de barriles, ha tenido el peor desempeño de la región durante más de dos décadas.
Sin embargo, previo a la crisis poselectoral que sacude a esta nación, las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) establecen que Venezuela mantendría su crecimiento y que para 2025 su PIB se expandiría en un 3%. No obstante, el organismo sostiene que esas proyecciones están rodeadas de gran incertidumbre, máxime teniendo en cuenta que las sanciones impuestas por Estados Unidos podrían frenar el crecimiento del vecino país.
Ahora bien, yéndonos a la práctica, a lo que está realmente sucediendo ahora en Venezuela, lo único que se puede pronosticar es que habrá más problemas. El régimen de Nicolas Maduro no ha dejado dudas de que es una dictadura que no le importa matar, chantajear, encarcelar, atropellar, perseguir, secuestrar, acallar, acusar de terroristas a quienes osan ser adversarios políticos y desconocer la voluntad democrática expresada en las urnas, tomando en cuenta que la victoria de Edmundo González, apoyado por líder opositora María Corina Machado, es tan obvia como la luz del sol.
La dictadura se hizo más obvia al ver cómo los militares, que deberían ser garantes de la Constitución y la decisión popular, se despachan con el mismo discurso antimperialista y antifascista que mantiene el dictador Maduro, Diosdado Cabello y el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. Parecen cortados por la misma tijera.
¿Por qué viene lo peor y no pasará lo mismo que en procesos anteriores? Hay puntos diferentes a tomar en cuenta en esta ocasión. La comunidad internacional ha reaccionado diferente, la diferencia de votos entre el dictador y el candidato Edmundo González es demasiado amplia. La cohesión tiene raíces más sólidas que en otras oportunidades.
Aquí sólo hay que ver dos cosas: el régimen de Maduro tiene las armas y la posición sólo tiene las almas. Es indiscutible que la desigualdad en la fuerza es la diferencia. Inmolarse no es una opción para la población, pero sí seguir agitando las fibras sociales y humanas, incluyendo en los cuerpos armados, para generar un desquijaramiento que debilite los cimientos que sirven de soporte a la dictadura. Restar lamentar las muertes que ha habido y, tristemente, las que faltan. La frase de la oposición es “hasta el final” y eso es explícito.











