El pasado viernes 28 de marzo de 2025, un terremoto de magnitud 7.7 sacudió el centro de Birmania (Myanmar), causando una catástrofe humanitaria de gran magnitud. Hasta la fecha, se reportan más de 2,000 fallecidos, cerca de 4,000 heridos y aproximadamente 270 personas desaparecidas. Además, unas 3,000 edificaciones resultaron afectadas, incluyendo varias en construcción, las cuales son especialmente vulnerables en estas circunstancias.
En mi artículo anterior, publicado un día antes del terremoto mencionado, hablábamos de los riesgos inherentes a las edificaciones en construcción y de la importancia de contratar cobertura para protegerse tanto de desastres naturales como de errores humanos. Esto es especialmente relevante en zonas expuestas a ciclones y movimientos telúricos.
Una experiencia como la de Birmania dejaría a nuestro país en ruinas, considerando el alto nivel de infraseguro de nuestras infraestructuras y la falta de financiamiento. Esta situación nos obligaría a depender de la caridad de países amigos debido a la falta de previsión, especialmente por parte del Estado, que no cuenta con cobertura para presas, carreteras, escuelas, oficinas públicas, entre otras estructuras clave. Por ello, he recomendado reiteradamente la adopción de coberturas paramétricas, las cuales serían más convenientes y objetivas en eventos catastróficos de esta naturaleza.
Una verdad innegable es que nadie quiebra por pagar una prima para protegerse de un riesgo que no puede afrontar por sí solo. Sin embargo, la ocurrencia de dicho riesgo puede generar pérdidas incalculables, afectando décadas de riqueza y retrasando el desarrollo del país con graves consecuencias sociales. El nivel de riesgo en el que vivimos no deja espacio para dudas: la prevención es esencial.
Sin embargo, seguimos actuando sin previsión, asegurándonos solo cuando un ciclón está en camino. Esta falta de cultura nos mantiene en una posición de vulnerabilidad, dependiendo únicamente de la Virgen de la Altagracia, a la que muchos dominicanos recurren cuando se ven acorralados por la falta de previsión.
En los últimos años, hemos vivido numerosas tragedias en el país, con destrucción de propiedades y pérdidas humanas significativas, como los sucesos de San Cristóbal y La Vega, entre otros. Algunas de estas tragedias se deben a errores humanos, como la falta de supervisión, mientras que otras son producto de fenómenos naturales como ciclones, inundaciones y terremotos, cuya ocurrencia es solo cuestión de tiempo.
Todos debemos actuar con una visión a largo plazo, evaluando qué riesgos podemos evitar o minimizar y cubriendo aquellos que escapan de nuestro control. No se trata solo del bienestar personal o empresarial, sino también del compromiso que tenemos con la sociedad en su conjunto.











