La pandemia del coronavirus, la cual se produjo en 2020, profundizó el déficit habitacional cualitativo y cuantitativo en el ámbito mundial, debido a los aumentos en la demanda, los altos precios de la tierra, así como el encarecimiento de los materiales de construcción y de la mano de obra.
Se trata de la brecha más grande en los últimos años, debido a los retos que enfrentan las familias para poder pagar por una vivienda propia o construir una. Así lo considera Jonathan Reckford, quien es el presidente ejecutivo de la organización global sin fines de lucro Hábitat para la Humanidad.
En una entrevista con elDinero, Reckford explica que hay más de una solución para disminuir el déficit habitacional. Una de ellas es la colaboración público-privada, así como la sociedad civil.
“El sector público establece las regulaciones y otorga subsidio, mientras que el sector privado aporta los fondos para su implementación, en tanto la sociedad civil vela para que se cumplan acciones en favor de las comunidades”, indica.
De hecho, el corazón de Hábitat es la idea de construir en alianzas, involucrando a las familias. “Aunque haya un subsidio, es muy importante que las familias tengan un sentido de propiedad de todo ese proceso”, sostiene el gerente global de la entidad. Agrega, además, que esta participación no solo es importante para su dignidad, sino para la sostenibilidad comunitaria.
Cambios
Falta solo un año para el quincuagésimo aniversario de la organización y su titular refiere cómo se hacían las cosas antes y cómo eso ha cambiado. Cuando la entidad fue fundada, el enfoque era construir cuantas viviendas se pueda, sin embargo, eso ha cambiado, pues ahora busca reducir el déficit habitacional.
“Comenzamos a trabajar profundamente en políticas y defensa, particularmente en torno a los derechos a la tierra, especialmente para las mujeres y los grupos marginados”, subraya.
Asimismo, Reckford valora la importancia del crédito para la financiación de una vivienda, materiales de construcción de calidad, así como mano de obra calificada, lo cual aseguraría un sistema de vivienda adecuado.
Anteriormente, la oenegé prestaba el dinero a las familias para que construyan sus viviendas debido a que los bancos no otorgaban créditos a familias de escasos recursos, sin embargo, luego eso cambió, Hábitat prestaba fondos a las entidades de microfinanciamiento y las entrenaba para que incluyan programas de viviendas sostenibles.
Inversión
De hecho, la organización acaba de disponer de US$230 millones para 56 entidades de microfinanzas en 36 países. Hábitat, en colaboración con 12 entidades de intermediación financiera, ha movilizado US$130 millones en República Dominicana, de los cuales se han beneficiado 46,000 familias, que han accedido a créditos de vivienda.
“El verdadero éxito sería que el mercado comience a crear estas ofertas a niveles que funcionen para las familias de muy bajos ingresos, que históricamente no han podido acceder al mercado”, afirma Reckford.
Asimismo, destaca la importancia de construir viviendas resilientes en los países donde Hábitat tiene presencia. En Estados como República Dominicana, con riesgos de huracanes y terremotos, el diseño de las construcciones es vital. De hecho, debe ser adaptado a ambas situaciones.
“Cuando hablamos de construir más y mejor, la tecnología es una parte de cómo construimos mejor. A veces hablamos de alta tecnología o de una básica, pero lo importante es una apropiada”, puntualiza.
República Dominicana
El déficit habitacional en República Dominicana es de 1.4 millones, de acuerdo con datos oficiales. De hecho, un 48.8% de familias no cuenta con casa propia.
Uno de los desafíos que enfrentan las familias dominicanas es que no cuentan con recursos suficientes para adquirir una vivienda. Así lo explica la directora nacional de Hábitat para la Humanidad República Dominicana, Cesarina Fabián.
Desde 2010, la organización internacional tiene una alianza con entidades de microfinanzas, cooperativas y oenegés en República Dominicana para facilitar el crédito a familias con tasas bajas y así garantizar el acceso a la vivienda.
Hábitat le da un esquema a las entidades para la selección de las familias. “La institución de microfinanzas sabe que trabajamos con familias que van de uno a cinco salarios mínimos”, puntualiza Fabián, al añadir “Trabajamos con mujeres, jefas de hogar, preferiblemente que haya niños, envejecientes y discapacitados”. Ahora, también se enfocará en el grupo de jóvenes de 18 a 35 años para tener una vivienda propia. Otra de las iniciativas de Hábitat es acompañar a las familias en capacitación sobre finanzas.
No obstante, reconoce que hay familias que están en la base de la pirámide. Estas, refiere, no cuentan con los recursos económicos y tienen viviendas con pisos de tierra. Al respecto, Fabián dice que la meta en República Dominicana es hacer 10,000 pisos en cinco años, de los cuales ya se han realizado 3,000. Para el término de 2025, estima que cerrarán con 5,000 pisos.
Datos del Ministerio de Vivienda y Edificaciones establecen que el 73% del déficit habitacional en el país es de carácter cualitativo, es decir, viviendas construidas con materiales deficientes, sin acceso a servicios básicos o en condiciones de hacinamiento. El resto, o sea, 27% corresponde a un déficit cuantitativo.
Hábitat posee el Departamento de Desarrollo Comunitario, el cual se encarga de empoderar tanto a las familias beneficiarias como al liderazgo de la comunidad (presidente de la junta de vecinos, pastores y/o sacerdotes, presidente de la asociación de amas de casa). Lo que hace la organización es crear comités y darles capacitación en finanzas, agua, saneamiento, normas de convivencia, así como protección ante el impacto de un huracán.
“Cuando salimos de la comunidad, el liderazgo queda empoderado y la familia también para darle continuidad a las intervenciones que hace la organización”, enfatiza.
Irene es un vivo ejemplo de ese empoderamiento. Su humilde colmado no tenía condiciones de seguridad y era notable el deterioro de la edificación. Para ella, era importante asegurar su negocio, pues temía a los robos y atracos. De hecho, tuvo acceso a un crédito tras ser evaluada por Hábitat. Su colmadito fue construido en cemento, contaba con rejas, luces y puertas.
El ejemplo de Irene, quien vendía los alimentos en la comunidad, sirvió para que otras vecinas mejoraran sus viviendas. Una de ellas, incluso, inició un emprendimiento.
Otro de los testimonios de la organización es el de una señora en la provincia Montecristi, al noroeste de República Dominicana, que lloró de emoción cuando le construyeron un baño dentro de su casa, con acceso a agua potable.
Hábitat tiene en el horizonte crear 35,000 soluciones habitacionales en los próximos cinco años. Esto beneficiaría a dos millones de dominicanos. Otro de los propósitos de la oenegé es crear alianzas con los bancos múltiples para maximizar su impacto. “Por los volúmenes que manejan los bancos, si ellos se motivan a trabajar con nosotros y con ese público meta que nosotros atendemos, podría llegarle el dinero a una tasa un poco más baja a las familias que lo necesitan”, sostiene Fabián.
A futuro
El titular de Hábitat para la Humanidad expresa que la organización tiene una meta de ayudar a 50 millones de personas en 2026, cuando se cumplen 50 años de su fundación. “En América Latina tenemos una campaña: queremos ayudar a 100,000 familias a pasar de tener un piso de tierra a tener un piso de cemento”, indica.
Aunque reconoce que una vivienda digna es solo una de las necesidades de las familias, ha observado que cuando un niño, por ejemplo, vive en una casa adecuada tiene mejores resultados en la escuela y goza de mejor salud. Incluso, tiene aspiraciones a futuro.
“Algo pequeño, que sería que la familia pase de tener un piso de tierra a un piso de concreto, tiene un impacto tremendo, especialmente en los niños”, cuenta al tiempo de señalar que un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo demuestra que la anemia a nivel pediátrico tuvo una reducción de 81% gracias a ese cambio. Asimismo, las infecciones por parásitos se redujeron en un 78%, mientras que el desarrollo cognitivo aumentó en 36%.
Este cambio, de acuerdo con Reckford, reduce significativamente los gastos médicos de las familias.
“Que la familia pase de tener un piso de tierra a un piso de concreto, tiene un impacto tremendo, especialmente en los niños”, cuenta Reckford.Un estudio del BID demuestra que la anemia a nivel pediátrico tuvo una reducción de 81% gracias a ese cambio. Asimismo, las infecciones por parásitos se redujeron en un 78%, mientras que el desarrollo cognitivo aumentó en 36%.













