[dropcap]L[/dropcap]a elaboración del proyecto de presupuesto de ingresos y ley de gastos públicos para un país con serias deficiencias en cuanto al monto de sus estimaciones de ingresos y sus altos niveles de gastos es complicada y requiere de mucho esfuerzo de cálculos y ajustes.
Las autoridades deben determinar un estimado de la cantidad de dinero que van a recibir y una relación de la cantidad que van a gastar en los distintos compromisos del Estado. Asimismo, deben calcular la cantidad de dinero que van a requerir para el pago de capital e intereses de deudas vencidas.
Por ejemplo, suponga que el Gobierno va a recaudar 100 pesos, pero que sus gastos serán 120 pesos, entonces su déficit operativo es de 20 pesos. Pero si adicional a eso debe pagar 25 pesos de deuda vencida, su necesidad de recursos adicionales sería de 20 pesos para cubrir el déficit y otros 25 pesos para cubrir compromisos de deudas vencidas, un total deficitario de 45 pesos (déficit + pago de deuda). Ese es el trajín de todos los años.
Pero hay algo peor, pues al contraer deuda para cubrir déficit y pagar deuda vencida, el nivel de endeudamiento va en constante aumento. A eso se agrega el hecho de que si la estimación de ingresos queda por debajo de lo originalmente programado, el déficit sería mayor y habría que endeudarse mucho más; a menos que se decida reducir el gasto (algo que nunca se hace).
Para el año que recién finaliza (2016), el Gobierno estimó gastos por alrededor de 565,000 millones de pesos, pero su estimación de ingresos era de 490,298.2 millones de pesos. Eso indica que su déficit operativo sería de alrededor de 75,000 millones de pesos. A eso hay que agregar alrededor de 98,000 millones de pesos que se requerían para el pago de deudas vencidas.
En resumidas cuentas, el Gobierno tenía que buscar prestados este año 173,259.7 millones de pesos.
Sin embargo, su estimación de ingresos ha quedado corta. En realidad va a recaudar 483,145 millones de pesos, es decir, alrededor de 7,152.6 millones de pesos menos de lo estimado.
Dada esa situación, el Gobierno tiene una de dos opciones o una combinación de ambas: reducir los gastos en la misma proporción en que se han reducido los ingresos; aumentar el endeudamiento en la misma proporción en que se han caído los ingresos, y como tercera opción podría bajar el gasto en la mitad de lo que han caído los ingresos y aumentar el endeudamiento en el equivalente a la otra mitad.
Pero el Gobierno se ha inclinado por la segunda opción: más deuda para seguir con el mismo gasto y cubrir la caída de ingresos con un mayor déficit fiscal.
El próximo año la situación podría ser peor, ya que el Gobierno tiene previsto un presupuesto de gastos de 711,399.4 millones. De esa cantidad, se destinarán 624,407 millones de pesos para gastos regulares, mientras que la estimación de ingresos es de 539,513.2 millones de pesos.
Eso indica que para cubrir el déficit fiscal operativo el Gobierno necesitará 84,893.8 millones de pesos, a los que hay que agregar otros 86,992.3 millones de pesos para el pago de deudas vencidas. En total, el Gobierno ha programado deudas por 171,886.1 millones de pesos para 2017.
Pero ante todos estos números y estimaciones surge la duda de si será posible que el Gobierno tenga la capacidad para alcanzar ingresos por 539,513.2 millones de pesos en 2017 cuando en el año que está por finalizar estimó 490,298.2 millones y solo alcanzó 483,145 millones de pesos.
¿Cómo podrá el Gobierno aumentar sus ingresos en 56,368.2 millones de pesos el próximo año sin una reforma fiscal y sin perspectivas de un mayor movimiento económico que motive más recaudación? ¿Lo logrará reduciendo la evasión fiscal? Eso es difícil, pero muy difícil.
De todas formas, si no lo logra, la solución será fácil, tan fácil como la que se acaba de aplicar con el proyecto de reformulación del presupuesto de este año: solicitar al Congreso un aumento del déficit y del endeudamiento público en la misma proporción en que se caigan los ingresos respecto a lo estimado. Fácil, así de fácil…








