El déficit fiscal es uno de los principales indicadores de salud financiera de un Estado. Mide la diferencia entre los ingresos y los gastos del sector público en un período determinado, generalmente expresado como porcentaje del producto interno bruto (PIB).
Cuando el resultado fiscal es negativo, significa que el Estado gasta más de lo que ingresa y debe cubrir esa diferencia recurriendo a endeudamiento o utilizando reservas. En cambio, cuando los ingresos superan a los gastos, se produce un superávit, que indica que las cuentas públicas cierran con saldo a favor y el Gobierno no necesita financiamiento adicional para cubrir su operación.
Bajo este panorama, América Latina y el Caribe mostraron ambas caras de la moneda 2025. Desde economías con desequilibrios de dos dígitos como proporción del PIB, hasta países que lograron cerrar el año con balances positivos por segundo período consecutivo.
De mayor a menor
Al observar los países de la región, Bolivia encabezó los mayores desequilibrios de la región. El déficit fiscal podría alcanzar el 12.7 % del PIB, acumulando once años consecutivos de resultado negativo, de acuerdo con el Banco Central de Bolivia (BCB). Brasil registró el segundo mayor desbalance nominal.
El déficit fiscal nominal cerró en 8.34 % del PIB en 2025, ligeramente inferior al 8.47 % de 2024, de acuerdo con el Tesoro Nacional. Aunque el déficit primario fue de 0.48% del PIB, equivalente a R$ 61,691 millones, y se redujo a 0.1% tras deducciones legales, el peso de los intereses mantuvo elevado el resultado total.
Colombia también se ubicó entre los déficits más altos de la región. Las estimaciones preliminares del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) señalan un déficit fiscal total de 6.3% del PIB en 2025 para el Gobierno nacional.
Guyana reportó un déficit del sector público no financiero equivalente al 5.4% del PIB, mientras que el Gobierno Central cerró con un desbalance de 5.5% del PIB, de acuerdo con el Guyana National Budget Insights 2026.
En un nivel intermedio se ubicaron Uruguay y México. El déficit del Sector Público Consolidado uruguayo alcanzó 4.7 % del PIB en 2025, lo que implicó un aumento de 0.6 puntos porcentuales frente al año previo, según un reporte del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) de ese país.
México, por su parte, cerró el ejercicio fiscal con un déficit público de 4.3% del PIB, por debajo del 5% observado en 2024, aunque superior a la meta inicial de 3.9%, de acuerdo con el Informe de Finanzas Públicas al Cuarto Trimestre de la Secretaría de Hacienda.
República Dominicana cerró 2025 con un déficit equivalente a 3.45% del PIB, según cifras oficiales del Gobierno.
Panamá logró reducir su déficit del Sector Público No Financiero a 3.7 % del PIB, desde 6.2% en 2024, de acuerdo con el análisis más reciente de Fitch Ratings, situándose incluso por debajo de la meta oficial.
En la parte inferior, Ecuador reportó un déficit global de 2.3 % del PIB a octubre de 2025, en un contexto de caída de ingresos petroleros, de acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas.
Entre los países con menor desequilibrio se ubicó Perú, con un déficit estimado de 2.2% del PIB en 2025, de acuerdo con información del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) y el Ministerio de Economía y Finanzas.
Costa Rica registró un déficit financiero equivalente a 2.6 % del PIB a octubre, según cifras divulgadas por el Ministerio de Hacienda.
Guatemala presentó un déficit estimado en torno a 1.9 % del PIB, de acuerdo con la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa), mientras que Honduras reportó un desbalance de 1.2% del PIB a noviembre, según cifras preliminares divulgadas por el Banco Central de Honduras.
El Salvador proyecta cerrar el año con un superávit primario cercano a 1.9% del PIB.
Argentina marcó el contraste regional. El Sector Público Nacional acumuló un superávit financiero equivalente a aproximadamente 0.2% del PIB en 2025, producto de un resultado primario de 1.4% del PIB, de acuerdo con el Ministerio de Economía de Argentina.
Dificultad
Desde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), afirman que la combinación entre la baja capacidad para crecer y el limitado espacio fiscal es una combinación tóxica para enfrentar los desafíos y transformaciones necesarias, tales como elevar la inversión pública y privada, mejorar la productividad e impulsar las transformaciones sociales y productivas que nos permitan superar las trampas y brechas del desarrollo.
Explican que “el espacio fiscal limitado, los déficits persistentes, el alto nivel de endeudamiento público y el encarecimiento de la deuda conspiran contra la capacidad de nuestros países de usar la política fiscal como una herramienta para el desarrollo”.













